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Redes sociales

Las redes sociales forman parte de nuestra vida diaria de una forma, podríamos decir, casi ineludible. No hay momento que no estemos pendientes de ellas. Da igual el rango de edad. Tanto adolescentes como adultos hacemos uso de ellas sin control. Eso ha llevado a personas a tener serios problemas por culpa de ese uso excesivo e inadecuado. Lo peor, más allá del consumo en sí, son los contenidos que se publican. El poder que ejercen las cuentas y perfiles de influencers de todo el mundo, ha llevado a muchos jóvenes a cometer locuras por unos miles de seguidores o likes.

Somos conscientes de que es difícil lidiar con esta problemática, pues no es tan simple limitar las horas de teléfono o prohibir la visualización de esos contenidos que no son aptos para ciertas edades. En nuestro centro nos hemos encontrado con la preocupación de muchos padres respecto de este tema, por eso hoy, en este nuevo artículo en el blog de Psicólogos Tortosa, nos adentramos en el mundo de las redes sociales y os ayudamos a definir algunas medidas de lo que podéis hacer para que vuestros hijos tenga una relación sana con todas estas aplicaciones.

Un nuevo concepto

Hasta, no hace tanto tiempo atrás, no podíamos imaginar el poder que llegaría a alcanzar la aparición de una red llamada Internet. Algo que nos permitiría conectarnos al mundo. Al principio la usábamos para buscar información o comunicarnos, esporádicamente, por motivos laborales y con nuestros seres queridos. Con la rápida evolución de ésta y de las herramientas para acceder a ella, el uso de Internet cambió para siempre.

Seguimos buscando y contrastando información, pero ahora todo nuestro mundo: trabajo, familia, amigos, ocio, compras, entretenimiento, finanzas… TODO tiene lugar en este escenario único. Un espacio en el que marcas e influencers (personas que han sabido promocionar bien su propia vida como marca personal) ocupan la pole position del consumo de adolescentes que quieren hacerse un hueco entre los más y mejor valorados. Obviamente, no vamos a desmerecer el trabajo de grupos y personas que trabajan duro por estar ahí y, además, hacerlo de forma ética. Pero, existen otros muchos que se han colado y que, puestos a analizarlo con detenimiento, ofrecen contenidos de origen y finalidad dudosa. El gran problema que surge de ello es que nuestros hijos, especialmente adolescentes, pasan horas consumiendo esos contenidos e, incluso, a veces no saben lidiar con el hecho de despegarse de ese mundo, ni por un minuto.

Cada día es más fácil acceder a la conexión a la red. El afán por querer estar a la moda y no perderse nada, la falacia vendida por algunas marcas de sus “vidas perfectas” y querer formar parte de ello (o, como poco, intentar imitarlo), o el simple hecho de sentirse popular por tener más seguidores (los cuales, la mayoría de veces, son absolutos desconocidos) promueven el crecimiento masivo de este falso y “peligroso” espejismo. Todo ello, son motivos que incitan al aumento de ese consumo masivo y que ponen en riesgo la integridad de muchos jóvenes, abrumados por idolatrar mentiras y creer que pueden formar parte de ellas, también. Atrás quedan las responsabilidades y la realidad de lo que sucede frente nuestros ojos, por aquello que, simplemente, creemos, tras una pantalla.

Los efectos negativos del abuso de las redes sociales

Como decíamos, los principales efectos negativos causados por las redes sociales en adolescentes, vienen por dos problemáticas: el abuso excesivo y el contenido inadecuado.

El consumo de tiempo que estos chicos pueden pasar frente a redes como Facebook, Twitter, Instagram o Tik Tok, se mide en una descomunal cuantía de horas. No importa el día ni el momento. Es decir, da igual que sea un lunes de curso escolar regular, o un sábado en plenas vacaciones veraniegas. Y, lo peor, es que hoy en día ya, en muchos casos, la propia acción se hace de manera inconsciente; los jóvenes no se dan cuenta de todas las cosas que están dejando de lado por estar mirando qué hacen los demás a través de la pantalla.

Esto afecta, gravemente, los estados tanto psicológicos como de salud del adolescente. El consumo masivo de redes, en este aspecto, puede acarrear:

– Problemas de vista

– Dolores de cabeza y mareos

 -Dificultad para conciliar el sueño

– Sensación de ansiedad, estrés, nerviosismo y ‘’mono’’ por consumir, si se producen espacios de tiempo amplios en los que no sea posible hacerlo.

– Creación y establecimiento de una realidad impostada. El valor de la vida pierde totalmente el sentido, más si las cosas no se suceden de forma rápida y satisfactoria como “creemos” que debería, porque así se muestra que es en redes.

– Cuadros de depresión. ¿Quién no ha comparado su vida “normal” con la “idílica” del resto de personas que se exhiben? Si eres un joven inseguro, es muy probable que ello te afecte mucho más.

¿Qué podemos hacer?

Puede ser muy difícil gestionar este problema, más si nuestros hijos tienen una edad en la que son lo suficientemente independientes. Niños más pequeños, aunque ya empiezan, peligrosamente, a hacerse dueños de los teléfonos y ordenadores -de todo tipo- de sus progenitores para consumir contenidos que les interesan; pueden estar más controlados. Pero, en el caso de los adolescentes, debemos actuar con precaución.

Algunas de las recomendaciones que os damos para lograr que vuestros hijos usen las redes de forma consciente son:

– Limitar las horas de uso (nada de teléfono en las comidas, ni cuando es hora de estudiar, ni a ciertas horas antes de dormir…).

– Intentar verificar el contenido que consumen y asegurarnos que es acorde a su edad.

– Sin hacer una intrusión a su intimidad y privacidad, pues de ahí pueden surgir otros problemas, tratar de informarnos sobre qué redes utilizan y cual es el contenido que comparten con sus amigos (tanto propio como ajeno).

– Educarles en el sentido de la privacidad. Enseñarles los límites de las cosas que pueden y no compartir, todavía menos con desconocidos, porque son personales y privadas.

– Mostrarles la vida que se pierden detrás de la pantalla: salir con amigos reales, disfrutar de tiempo con la familia, leer, escuchar música, preparar recetas y organizar una comida, salir de excursión, etc.

– Animarles a disfrutar de tiempo para sí mismos.