Hermanastros

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Hermanastros

Por todos es sabido que, obviamente, no es lo mismo hermano que hermanastro. Ello, en ningún momento pretende hacer despectivo un término que, por ninguna razón, implica más o menos entre las personas que comparten su significado. Es más, ni ser hermano conlleva que éstos convivan en casa de forma idílica y se quieran infinitamente, ni no serlo supone que deban odiarse y enfrentarse entre ellos. A veces no resulta fácil conseguirlo, eso es cierto, pero no por ello debemos tachar al término de fracaso.

Según la Real Academia Española (RAE), hermanastro es aquel que es hijo del padrastro o de la madrastra de una persona. En muchas ocasiones la relación afectiva entre los hijos de una familia reconstruida puede ser algo difícil y que estos dos se lleven bien no siempre es un camino de rosas. En función de muchos aspectos, tenemos que pensar que se juntan niños los cuales ya tienen unos gustos, unos valores y unas ideas distintas, ya que se han criado y han tenido una educación también diferente.

Como sabemos que todo este mundo entraña dificultades varias, hoy queremos centrarnos en hablar de ello en esta nueva entrada de nuestro blog, Psicólogos Tortosa, y ofreceros algunos consejos para sobrellevar mejor la situación y mirar de mediar entre ellos en casa, en caso de que los necesitéis. Siempre, obviamente, la mano de profesionales en estas situaciones está más que recomendada y podéis confiar en nuestro equipo de psicólogos para que os asesoren y ayuden.

Consejos para familias reconstruidas

Reformar una familia tras haber atravesado un proceso de separación/divorcio puede ser un proceso difícil. No tanto para la pareja, que vive ilusionada el renacimiento de un nuevo amor, sino más para los hijos de éstos y, especialmente, cuando estos niños se mueven entorno a edades complicadas. Muchas veces los niños y adolescentes no entienden, o simplemente no están dispuestos, a convivir con un nuevo “ser”, con quien deberán compartir demasiadas novedades en muy poco tiempo, y adaptarse una nueva realidad con rutinas que, quizás, se alejen de las preestablecidas hasta el momento.

No obstante, como decíamos, a pesar de que es más común que haya rifirrafes entre hermanastros, es posible crear una familia sana y feliz, en la que todos sus miembros se entiendan y comprendan. Quizás, lo único que haya que ofrecerles a estos niños sean herramientas para facilitar esa comprensión y explicarles todo aquello importante que vaya a afectarles:

– Explicarles los cambios que van a vivir. Contarles todas las novedades que se van a suceder: cambio de domicilio, de barrio, de ciudad, de colegio… Incluso, si no se mueven de donde están, pero hay nuevos cambios en las formas de organizarse y llevar el hogar (normas, rutinas, responsabilidades…).

– No minimizar lo que sienten. Se trata de ser comprensivos al 100%. Todos estos cambios pueden suponer un reto difícil y lo que no debemos hacer es menospreciar esa sensación, o los sentimientos de tristeza, soledad, miedo… que les abrumarán al principio.

– Compartida la vida, es más. Si no ha empezado con buen pie la andadura comuna, podemos ayudarles a encontrar puntos de interés que los lleven a mejorar la relación y convivencia.

– Tiempo a solas. Hablamos del tiempo que debemos respetar que ellos tengan para asimilar todo lo que se ha sobrevenido y del tiempo a solas con el progenitor principal. Fortalecer el vínculo en estos momentos y mostrarles nuestro máximo apoyo, es fundamental. Que se haya agrandado la familia no significa que quienes reciban más atención sean los nuevos miembros. Hay que velar por tiempo de calidad entre padre/madre e hijo/a.

– No a las comparaciones. Lo decíamos antes y es que cuando dos familias se juntan se ponen cara a cara dos versiones muy distintas de crianza y educación. Las maneras de hacer las cosas pueden ser similares o totalmente contrarias. No por ello, una es mejor o peor. Debemos respetar eso y nunca comparar entre hermanastros. No echarles en cara que puedan estar haciendo mal algo por el simple hecho de hacerlo de forma diferente, ni tratarlos por separado cuando hablamos de nuestro hijo/a o del de nuestra pareja. Los querremos por igual y los castigaremos por igual. Ahí, además, debe existir absoluta coordinación entre padres para no hacer distinciones.

Otros consejos para el buen entendimiento entre hermanastros

Otras maneras para que los hermanastros se lleven bien y logremos sentar las bases de un lazo afectivo fuerte y sano entre hermanastros, son:

  1. Cumplir las reglas. Para que haya armonía, paz y orden en casa siempre se deben establecer unas reglas que todos deben conocer, entender y cumplir. En este caso, habrá que reformularlas de nuevo. Pueden ponerse en común las individuales y adoptarse las precisas.
  2. Responsabilidades por igual. Todos los hijos han de tener responsabilidades en casa y cumplirlas por igual. Nuestro ojito derecho no debe librarse de tener sus obligaciones.
  3. Obvio, lo mejor es evitarlas, pero como va a ser imposible porque en todas casas cuecen habas, es importante saber gestionar las peleas y discusiones entre hermanastros. Enseñadles las bases del diálogo y la comunicación para solventar sus diferencias. Las faltas de respeto no tienen cabida en nuestro hogar.
  4. Amor equitativo. De nuevo, no diferenciar, por mucho que sea lógico saber que el amor que siente un padre o una madre por su hijo propio, no puede medirse al que sienta por un hijo ajeno. No obstante, ese cariño es pieza clave en la reconstrucción de cualquier familia, por lo que, si queremos a nuestros hijos y a nuestra pareja, querremos -con todo lo bueno y mejor- a sus hijos.
  5. Marcar los límites con la pareja. Debe existir un trabajo previo de comunión entre ambos adultos para gestionar, por igual, la nueva situación.