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El síndrome del impostor

Desde Psicólogos Tortosa os damos la bienvenida al año nuevo y os agradecemos la confianza por seguir a nuestro lado en este inicio de 2022. En el artículo de hoy de nuestro blog, queremos hablaros del síndrome del impostor. Ahora que arrancamos un nuevo capítulo en nuestras vidas, muchos nos proponemos cambios y propósitos que nos lleven a asumir y superar retos: en el terreno personal, en el laboral… Pero, todo ello, aunque llegue a ser un logro bien alcanzado, sufrido y luchado, para algunas personas parece irreal y creen, firmemente, que todo se debe a un golpe de suerte o a una mera casualidad que, quizás, incluso, ni merecen. ¿Os sentís identificados? ¿Conocéis a alguien que se sienta así?

Si habéis pensado en ello, o lo habéis percibido en algún amigo o familiar, el post de hoy os ayudará a entender mejor esta conducta que, no es más que una enfermedad identificada, llamada síndrome del impostor. Personas que sienten no merecer las cosas que consiguen, o que no valoran lo que los demás piensan de ellos, pues seguramente -como impostores de su propia vida- se han creado una falsa ilusión entorno a estos y, si les conocieran de verdad, no les tendrían en tan alta estima.

¿Qué es el síndrome de impostor?

Desgranemos pues la realidad del síndrome del impostor y analicemos un poco sus mecanismos para descubrir si lo padecemos y hallar las herramientas para superarlo.

Como decíamos, la sensación que se da en las personas que lo sufren es esta inseguridad de sentirse sobrevalorados, o con demasiada suerte para merecer lo que les sucede. Este sentimiento no tiene porqué estar presente de manera continua para decir que padecemos de él, sino que podemos haber sido sus “víctimas” en algún momento concreto de nuestras vidas. Cuando se trata de casos puntuales en los que, quizás, el problema es saber digerir la novedad (un nuevo trabajo, un aumento de sueldo, haber encontrado el amor de nuestras vidas de repente, éxitos deportivos inesperados…) es muy común que la inseguridad momentánea, termine desapareciendo. Pero, ¿y si se alarga en el tiempo y nos acompaña siempre? Junto a ese pensamiento, se suma, entonces, el miedo a que los demás descubran que no somos tan buenos y que aquello que hemos alcanzado, en cualquier momento se irá al traste. Ahí destapamos el círculo vicioso de este síndrome y, lamentablemente, provocamos que esta sensación empeore.

Claramente, vemos como el síndrome del impostor está relacionado con una baja autoestima de las personas que lo padecen. Individuos que no tienen un buen concepto de sí mismos y por tanto nunca se consideran capaces o suficientes.

Causas del síndrome del impostor

El síndrome del impostor, también conocido como síndrome del fraude, fue puesto en conocimiento del mundo científico, por primera vez, en el año 1978 por Pauline Clance y Suzanne Imes. Estas dos psicólogas realizaron un estudio a una gran muestra de mujeres con alto poder académico y laboral, que habían alcanzado grandes logros, y que presentaban altos niveles de ansiedad. Se dio la casualidad que, en su mayoría, el foco de estudio eran mujeres, pero esta enfermedad se da, en realidad, en ambos sexos. Es relativamente fácil apreciar cuáles son nuestras carencias, pero cuesta más ver las de los demás (el “desprecio” personal con esa baja autoestima característica, no tiene límites). El hecho de no verlas nos hace llegar a pensar que no existen y, en el objetivo caso de existir, como quedan catalogadas por encima de las nuestras, en una escala gradual de valores apreciativos, de forma subjetiva; nunca superarían nuestro pésimo caso y, por tanto, ellos siguen siendo mejores y nosotros peores. Es, entonces, desde esa sensación de “no soy tan bueno como él/ella” desde donde nace la creencia de ser un impostor.

Las causas, como en casi todos los casos, son multifactoriales y los detonantes pueden venir de diversos enfoques. Personas con entornos familiares donde no se les ha valorado lo suficiente. Contrariamente a lo que podríamos pensar, también pueden ser objeto de ello personas provenientes de hogares altamente exigentes, en los que nunca, por mucho que hagan, han hecho suficiente y, por lo tanto, desarrollan un alto miedo al fracaso aún y no ser así.

Superar el síndrome del impostor

Es posible luchar contra este síndrome que, como decíamos, nace de una percepción de baja autoestima. Existen diferentes niveles. Para poder abordarlo habrá, primero, que identificar donde nos encontramos y, a partir de ahí, definir la metodología de ataque.

Debemos comprender que no es lo mismo para personas que viven este proceso en momentos de inseguridad puntuales, que para quienes está presente de manera continua. En este caso, esos miedos, provienen de heridas profundas del pasado que, reiteradamente, han mellado nuestra valía personal y, por ello, es más que recomendable dejarse ayudar por profesionales.

Si queremos enfrentarnos al síndrome del impostor y descubrir realmente cuanto nos concierne, podemos autoevaluarnos teniendo presente estos planteamientos que os hacemos a continuación, y a partir de ahí gestionarlo de manera responsable para poder tratarlo y vencerlo.

  1. Qué es el fracaso. Vale la pena analizar su significado desde un punto de vista interiorizado. Según la respuesta nos resultará más sencillo comprender cuanto podemos tolerarlo. De los errores, siempre se ha dicho, se aprende. No es lo mismo entender, asumir e interiorizar para mejorar, que otorgarles una connotación destructiva.
  2. Nivel de autoestima. La clave. Ya hemos dicho que la tendencia de las personas con baja autoestima potencia el hecho de vivir estos episodios. Debemos querernos, apreciarnos y valorar cada uno de nuestros logros, por pequeños que sean.
  3. ¿Te hablas bien a ti mismo? El lenguaje interno es un arma de doble filo muy peligrosa. Tenemos que comprender que nadie mejor que nosotros para alabarnos y decirnos palabras bonitas, en lugar de ser críticos y autoexigentes cuando, seguramente, esa exigencia no se la pediríamos a un tercero, realizando un ejercicio exacto.
  4. Tu entorno. Como decíamos es una de las causas más comunes que generan esa inseguridad y baja autoestima, lo que nos lleva a caer, con más probabilidad, ante las amenazas del síndrome del impostor. A nuestro alrededor debe existir un ambiente que nos haga sentir valorados, ya que gran parte de la relación que tenemos con nosotros mismos está basada en cómo nos han tratado los demás. Ley de la atracción: la negatividad, atrae negatividad y el optimismo, más positivismo.
  5. Ser autocríticos. Sí, pero hasta cierto punto. Los “no es suficiente” son un caldo de cultivo muy potente para el síndrome del impostor. Recordemos: podemos equivocarnos, fallar y errar, pero de ello se aprende. Todo lo que hemos hecho ha sido suficiente para mostrarnos que debemos, quizás, hacerlo de otro modo la próxima vez para seguir mejorando, pero no que tal y como lo hemos hecho, no ha servido para nada.

Afrontar los entresijos de este síndrome, y todos los problemas de autoestima y de relación contigo mismo que acarrea, puede mejorar. Si crees que sufres de ello, pide ayuda.