El miedo a ir sin mascarilla

El síndrome del impostor
enero 17, 2022

El miedo a ir sin mascarilla

Estamos a punto de celebrar un año de pandemia en nuestro país. Un año de aquel mes de marzo en el que, por 15 días, debíamos quedarnos en casa encerrados para alejar el contagio de un virus que, casi 365 días después, sigue dando de que hablar y ha causado cambios en nuestra sociedad que, parece, todavía vamos a tener que mantener.

Esos cambios han supuesto adaptarnos a una nueva realidad en la que han aparecido preguntas, incertidumbres, miedos… También, gracias a ello, hemos demostrado ser una sociedad unida que enfrenta todos esos males y se sobrepone a ellos con valentía. Uno de los rasgos más característicos y seña de identidad de la pandemia, sin duda, ha sido la mascarilla. Con ella, la gran mayoría, hemos alejado el temor a contagiarnos, pero para algunos ha supuesto algo más que eso. La mascarilla se ha convertido en un escudo tras el que ocultarse y alejarse del plano social. El miedo a relacionarse y a contraer la enfermedad pesa más y, ahora, ante una posible retirada de esa barrera que les protege surgen otro tipo de miedos, catalogados en el plano médico en el que nos movemos como síndromes, que devienen un gran inconveniente para estas personas para recuperar la antigua normalidad.

El síndrome de la cara vacía

En esta nueva entrada en nuestro blog, Psicólogos Tortosa, vamos a hablar de ese temor y del término que se le ha asignado como “síndrome de la cara vacía”.

Parece mentira que ya haya pasado un año desde que empezamos con todo esto como lo que parecía “una broma”. Ahora, después de tantos meses de lucha, la ansiada normalidad se acerca, poco a poco. Ya hemos podido decir adiós a las mascarillas en algunos espacios y según las circunstancias, pero todavía nos queda un pequeño esfuerzo para vencer al virus y deshacernos de ellas de forma definitiva.

Esto para muchas personas va a suponer una auténtica liberación. Ganas de volver a apreciar sonrisas en los rostros, incluso, de desconocidos; o, poder besar a las personas que tanto queremos con plena libertad. No obstante, hay para quienes, tras haber vivido un año detrás de la mascarilla, supone un desafío y una situación que genera temor, retirarla y eliminarla de su “nueva normalidad”.

El síndrome de la cara vacía nace en esa convicción y se caracteriza por el miedo y la inquietud ante la posibilidad de tener que desprenderse de la mascarilla para siempre. Se genera una sensación de desprotección ante la enfermedad e, incluso, irritación al ver o interactuar con otras personas sin mascarilla. Una cuestión médicamente argumentada, pero que se vincula estrechamente con la nueva forma de percibir la interacción social, manteniendo el distanciamiento que, hasta el momento, se había establecido.

Causas y síntomas

Hablamos de una patología muy nueva, puesto que ha surgido por una realidad que, apenas, hace un año que vivimos. Las personas más proclives a desarrollar este síndrome son personas que han vivido la pandemia con mucho temor o, en su defecto, se han visto afectadas por ella. Quizás han padecido la enfermedad y la han sufrido gravemente, o personas muy queridas y cercanas lo han hecho, incluso, han fallecido por ello.

Las causas de esa afectación, como decíamos, se suceden en aquellas personas que son vulnerables a la enfermedad en concreto, o individuos que, en su historial clínico, ya tenían antecedentes de trastornos de ansiedad, estrés, hipocondría, etc. Gente que siempre ha sabido ser dueña de su vida y a quienes, esta alteración en el sistema, supuso una rotura de esquemas en los que el control de su destino, se les iba de las manos.

Refiriéndonos a los síntomas, o efectos, que evidencian este síndrome y caracterizan a las personas que lo padecen, podemos determinar que, a nivel fisiológico, observamos nerviosismo, angustia, sensación de falta de respiración, tensión muscular, mareos, vértigos, sudoración… En un plano cognitivo, hablamos de personas con mucha inseguridad, miedo a ser contagiado o a contagiar a los demás, indecisión sobre su nuevo papel en la interacción social. Esto último, lleva a fijarnos en los comportamientos a nivel conductual que se materializan en la exclusión y distanciamiento, evitando situaciones sociales que perciben como peligrosas, aislamiento, incluso, rabia e ira ante quienes no comparten su misma opinión y preocupación y, en este caso, no llevan la mascarilla; etc.

Tratamiento del síndrome de la cara vacía

Para poder tratar este síndrome, debemos saber identificar que podemos estar padeciéndolo, reconociendo los síntomas que mencionábamos, anteriormente.

Una vez reconocidos los miedos, temores e inseguridades, podemos buscar, lógicamente, ayuda profesional, o autogestionarlo, con la convicción que son percepciones momentáneas a las que debemos poner remedio enfrentándolas con cautela. ¿No había en el mundo enfermedades, tan banales como los resfriados o la gripe, que estaban ahí y convivíamos con ellas sin mascarilla? ¿No nos hemos relacionado siempre con gente que, a su vez, se relacionaba con más gente y nunca ha sucedido nada grave?

Vencer cualquier miedo sólo puede hacerse siendo valientes y batallando, cara a cara, con él. Podéis ir desprendiéndoos de la mascarilla de forma gradual, en lugar de hacerlo de golpe. Será mejor para que la sensación de ansiedad vaya disminuyendo (al ser asumida) y deje paso a la calma y serenidad. Debemos movernos por sensaciones y marcar el ritmo que creamos que necesitamos, sin presiones; enfrentar un miedo no tiene hora ni día.

Es fundamental saber gestionar todos esos pensamientos relacionados con el miedo, aprendiendo a relativizarlos. Tomar decisiones que nos ayuden a enfrentarlo, precisamente, también es de gran ayuda. Realizar ejercicios de relajación o practicar alguna disciplina vinculada a la meditación. Todo ello son ideas que, por nuestra cuenta, podemos realizar, sin olvidar, como decíamos al principio que, si nos sobreviene la sensación de angustia y temor y aumenta el malestar, es conveniente recurrir a un profesional para que nos ayude a gestionarlo.