Ventajas e inconvenientes de ser padres permisivos

Consejos para padres con hijos hiperactivos
enero 15, 2021
Baja autoestima en hijos adolescentes
marzo 15, 2021

Ventajas e inconvenientes de ser padres permisivos

Ciertamente, no nacemos enseñados. A lo largo de la vida, las experiencias van deviniendo un aprendizaje -a partir del cual curtirnos- que aplicamos, con menor o mayor acierto.
Como padres, más allá de entender la forma de éstos a la hora de educar, a través de la vivencia propia con cómo lo han hecho los nuestros; nadie nos enseña cómo tenemos que educar -o no- a nuestros hijos. Podemos tener una idea de cómo queremos hacerlo al opinar o pensar igual, o diferente, a las “políticas” que nos han aplicado a nosotros mismos, pero no existe una asignatura donde nos muestren las consecuencias de si hacerlo así está bien o mal. A tantos padres, tantas formas distintas de educar, por lo tanto, no es de extrañar que encontremos maneras y maneras, unas más permisivas que otras.

¿Es esto correcto? ¿Estamos obrando mal por ser más permisivos? No vamos a tachar de malos padres a aquellos que se caracterizan por ser personas de manga ancha en la educación de sus hijos, pero sí que podemos hablar, en su mayoría, de que no es lo más adecuado. Un estilo más permisivo, generalmente, se basa en la falta de normas y límites. Padres y madres que no ejercen la autoridad que les corresponde ante un pequeño ser inexperto que no percibe límites ni pautas y, por tanto, quien, ante la ausencia de mando, toma el poder.

Hogares dominados por el «poder infantil»

Debemos diferenciar entre el poder que existe en el niño para que las situaciones giren entorno a él y que éste haga que esa premisa le permita dominarlas. Es lógico que, una vez nos convertimos en padres, los niños sean el centro de atención de la familia. Realmente, su voluntad es lo primero y las rutinas diarias giran en torno a ellos. Adaptamos nuestras vidas y horarios a los suyos: escuela, actividades, fines de semana, vacaciones… Incluso cambia aquello que vemos en televisión o, por ejemplo, lo que comemos, para ser tolerantes con sus gustos. Esto no pasa desapercibido para nuestros pequeños y es en ese preciso momento, cuando se dan cuenta que las cosas giran en torno a ellos y que son los protagonistas, cuando acaban “imponiendo” su ley.

A esta situación, muy en auge en muchas familias de la sociedad actual, se la denomina: Síndrome del Emperador. Un trastorno de conducta que afecta a niños y adolescentes, que puede llegar a terminar con éstos desafiando a sus padres y produciendo un cambio en la estructura familiar. ¿Reconocéis casos donde hay una alteración en los roles y en lugar de ser los padres quienes llevan las riendas del hogar, son los hijos los que imponen su día a día? Eso es un claro identificativo de lo que supone este síndrome y muestra un grave problema: el declive de la labor educativa -vital en la vida del niño y en su futuro para formarse como persona- ante la falta de una autoridad formativa para guiarle correctamente, la mayoría de veces, consecuencia de esa educación permisiva.

La permisividad, recordemos, únicamente favorece la manifestación de la agresividad en nuestros hijos y dificulta regular su comportamiento por sí mismos, algo que suele agravarse en la etapa de la adolescencia, más complicada de por sí.

Consejos para padres permisivos

– Ser un buen negociador. Para no caer en las trampas y chantajes de nuestros hijos y lidiar con cualquier situación que pueda presentarse.

– Saber decir “no”.

– Tener un estilo comunicativo acorde. Es decir, que el lenguaje verbal y el lenguaje no verbal no se contradigan a la hora de “imponer” nuestra autoridad.

– Mantener las decisiones. Es fundamental ser coherente con lo que se hace, se dice y se piensa. De lo contrario incurrimos en el riesgo de perder toda credibilidad ante nuestros hijos y que éstos nos tomen por “el pito del sereno”, tomando ellos el mando autoritario.

– Ser lógico. Debemos asegurarnos de no ser demasiado permisivos en ciertas situaciones ni demasiado estrictos en otras que, además, se asemejen.

– Conocer nuestros propios límites. Para aplicar unas normas y pautas a nuestros hijos debemos ser conscientes que cumplimos con éstos por nosotros mismos y así, por lo tanto, sabremos hacerlo cumplir a nuestros hijos. Si no conocemos ni respetamos nuestros límites, menos sabremos imponérselos a los pequeños.

– Valor auténtico. Las normas y límites se crean para actuar en consideración. Ser respetuoso, educado, adecuado… No son un castigo ni un chantaje emocional, son para enseñar y mostrar lo que no está bien y huye del comportamiento que se espera de ellos.

– Saber escuchar. Cualquier base impositiva puede ser mal vista, especialmente si hemos sido permisivos hasta el momento. Si surgen pataletas es importante saber escuchar y entender las urgencias del niño/a, pero también hacerle ver a él/ella la importancia de las medidas tomadas y en todo lo que repercutirá en su educación futura.

Qué opinamos como expertos

Para los expertos, “estos niños son un desafío distinto” y es importante saber identificar, en el entorno familiar, esa situación para ayudar a los padres, especialmente. En muchas ocasiones, fruto de la ignorancia, el acervo cultural les culpabiliza por consentirles y les acusa de una crianza errónea, pero el problema es que éstos mismos tienden a ignorar que incurren en habilitar y facilitar la situación y desconocen los síntomas del problema, por lo que no saben identificarlo.

En nuestro caso, como profesionales, desde Psicólogos Tortosa, velamos por esa identificación precoz y por ayudar a todos los padres que lo precisen en dirigir su educación para que, antes no sea demasiado tarde, puedan evitar el agravamiento de estos comportamientos de autoridad “robada”, a veces violentos y muy perjudiciales para el núcleo familiar.