Sedentarismo y depresión

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Sedentarismo y depresión

Recientes estudios han determinado que uno de los problemas que más sufren los adolescentes de hoy en día, es la depresión. Lidiar con esta vieja conocida por muchos puede parecer lógico a ciertas edades, pero no a tan corto periodo, justo en el momento de mayor plenitud de nuestra vida, cuando todavía queda mucho por descubrir y las etapas más exigentes aún no han hecho mella en nosotros. Cuesta asimilar que miles de jóvenes se encuentren, ahora mismo, bajo las terribles consecuencias de ésta y hallar “culpables” al desarrollo de la problemática en chicos y chicas de entre 14-18 años.

Aunque, ciertamente, podríamos buscar y encontrar situaciones que propician la aparición de cuadros depresivos en esta etapa de la vida, hoy queremos centrarnos en un agente no externo que influye en ello. Algo que nosotros mismos elegimos y que nos puede llevar a mejorar o empeorar la tendencia a una conducta más depresiva en nuestros primeros años de vida. Y es que, como decíamos, estos nuevos datos sugeridos en el estudio realizado por la Universidad de Bristol (GB), sugieren que destinar una hora al día a la realización de actividad ligera en niños de 12 años, se asocia con una reducción del 10% de estos síntomas depresivos cuando los pequeños alcanzan la mayoría de edad.

Actividad física: la aliada contra el sedentarismo y la depresión

El estudio, que salió publicado en Lancet Psychiatry (periódico médico semanal inglés fundado en 1823), utilizó los datos llevados a cabo por las investigaciones longitudinales de cerca de 5.000 adolescentes de la Universidad de Bristol. Un seguimiento que se realizó durante años para llegar a dicha conclusión.

«Los hallazgos muestran que los jóvenes que están inactivos durante gran parte del día en su adolescencia, enfrentan mayor riesgo de depresión a los 18 años.”, certificó Aaron Kandola, autor principal del estudio. El ejercicio, sin ser necesariamente una obligación como forma de actividad física, sino tomado como un punto y aparte -una distracción para desconectar de todo aquello que nos atormenta-; beneficiaba gratamente su salud mental, además de darle un empujón al organismo de chicos en plena edad de crecimiento y desarrollo hacia la etapa adulta. Algo que, por supuesto, como psicólogos, no sólo recomendamos después de descubrir estos importantes datos, sino que debería primar en todas las personas, de todas las edades, para alentar el buen estado de su salud física y mental.

Espejismo evitable

La verdad es que los resultados de este estudio nos vienen bien para sacar a la luz una tendencia al alza que se da en la sociedad actual: el sedentarismo. Cada vez más jóvenes dedican sus horas a sentarse delante de cualquier pantalla y pasar el rato consumiendo contenidos multimedia a través de distintas plataformas. El auge de las redes sociales y la conectividad a nivel global, especialmente en estas edades, ha marcado un antes y un después, y supone un cambio de paradigma generacional muy veloz.

Si a ello sumamos que permitir esa tendencia e, incluso, incrementarla, promueve -con el paso del tiempo- un mayor desarrollo de conductas depresivas; obtenemos unas conclusiones nefastas de cara al futuro de nuestros adolescentes. Actualmente, los porcentajes dados por el estudio ponen sobre la mesa que por cada sesenta minutos adicionales de comportamiento sedentario al día entre chicos/as de 12-16 años, se asocia un aumento en el puntaje de depresión del 10%, a los 18 años. Aquellos con indicadores muy altos (y preocupantes) de sedentarismo, suben hasta un 28,2% más de predisposición a la depresión.

Por el contrario, analizando a quienes sí dedican, aunque sea, una hora adicional a desempeñar cualquier tipo de actividad física; disminuye en un 9,5%, respectivamente, esa tasa de padecer síntomas depresivos.

Fomentar el ejercicio

Preocupantemente, como decíamos, la cantidad de tiempo que los jóvenes pasan inactivos ha aumentado de forma continuada durante los últimos años. A ello se suma que, hasta ahora, casi nadie se ha interesado por el efecto que esta tendencia tiene y la repercusión que causa en la salud mental de los adolescentes. Según Kandola: “es sorprendente la falta de investigación sobre este tema, mientras, claramente, se ha observado como el número de jóvenes con depresión sigue aumentando y cómo, con un poco de interés hacia el estudio de ambas variantes, se ha podido descubrir que, todo parece indicar, que estas dos tendencias pueden estar vinculadas. Sólo de esta forma podremos poner remedio y hallar una solución”.

Demostrados los números en el estudio y viendo la magnitud de una problemática que no deja de crecer, es importante recordar que debemos fomentar la realización de cualquier tipo de actividad física entre los jóvenes. No sólo deporte o ejercicio que suponga un desgaste excesivo implique un esfuerzo demasiado exigente (bajo su punto de vista), simplemente, cualquier actividad, incluso caminar cada día una hora, que evite el hecho de pasar tanto tiempo sentados delante de las pantallas. Puede ser una buena idea no sólo para ellos, sino también para nosotros, como padres, acompañarlos. En ese tiempo, disfrutamos de un rato juntos que puede reforzar nuestros vínculos con hijos en una edad complicada, normalmente, con muchos problemas (relaciones, estudios, trabajo…), y es perfecto para la salud física de ambos, pues no sólo ellos deben moverse, TODOS debemos no perder de vista el mantenernos en forma. Basta con un poco de actividad ligera para encontrar un arma de doble filo muy beneficiosa para ellos y, porque no, para nosotros, también.

En ningún caso requiere mucho esfuerzo y es fácil adaptar esta práctica a las rutinas diarias de la mayoría de adolescentes. Incluso, en un futuro no muy lejano, sería conveniente que este papel se ejerciera en las escuelas. Colegios e institutos podrían integrar actividad de estas características a su desarrollo, con clases más activas. Aunque pueda parecer un gran desbarajuste, no lo es, solamente son pequeños cambios en nuestro entorno -muy necesarios, como acabamos de ver- que podrían facilitar que todos seamos un poco menos sedentarios. Y es que, fomentando la realización de ejercicio, por poco que sea, además de favorecer la salud física, evitando problemas como la obesidad; podríamos intervenir en esta cuestión que hoy nos ha traído hasta aquí, evitando problemas tan frecuentes y graves como la depresión en adolescentes, y que es fundamental: la salud mental.