Pantallas y déficit de atención

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Pantallas y déficit de atención

El denominado «tiempo de pantalla», excesivo en esta nueva generación, ha sido objeto de muchas investigaciones, especialmente ahora que los más pequeños consumen durante mucho tiempo aparatos electrónicos a diario. Los recientes estudios llevados a cabo advierten de que los niños han devenido el grupo social que más preocupa a los expertos, pues en épocas de desarrollo, su irrefrenable enganche a tablets, smartphones o cualquier otra fuente en pantalla, puede tener más riesgo del que imaginamos, causando la aparición de problemas de atención, por ejemplo.

El estudio, realizado en un muestrario de niños estadounidenses, reveló que cuando los pequeños sobrepasaban los límites de consumo diario (más de dos horas), el riesgo de presentar esos problemas de atención, eran mucho mayores en comparación con los compañeros que no pasaron más de media hora frente a una pantalla. Las investigaciones, incluso, mostraron que otros contratiempos más preocupantes como la aparición de síntomas vinculados al TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), eran reales.

Por este motivo, desde la Academia Americana de Pediatría, tras los resultados obtenidos, se ha aconsejado a los padres establecer límites en el tiempo de pantalla para los niños entre edades comprendidas entre los 2 y 5 años. Además, otra recomendación intachable ha sido recordar que los niños en edad preescolar deben levantarse y moverse, y es que se descubrió que los jóvenes que realizaban regularmente actividad física tenían menos riesgo de sufrir esos problemas de atención.

El mal ejemplo

Cierto es, pero, que aunque los datos han determinado este hecho, la falta de atención y los contratiempos surgidos en los niños no pueden culpabilizarse sólo en estos patrones. La comodidad de muchos padres al ofrecer a sus hijos este entretenimiento, precisamente, por tenerles distraídos y ocupados, en lugar de molestando; o, refugiarse en que así ocupan un tiempo que podría emplearse, precisamente, al desempeño de esos juegos y actividad física, pero que entonces les impide realizar otros quehaceres que ni el trabajo ni el cuidado de los niños posibilitan. Todos ellos son factores que deben considerarse importantes en el estudio de ese déficit de atención. Tampoco, por ejemplo, flojear ante los caprichos del niño cuando decide ponerse a berrear y ceder entregándole el teléfono como forma de evitar más lloros o enfados.

Y no está de más fijarnos en el ejemplo que brindamos a nuestros hijos. Ellos pueden no necesitar más de ciertas horas frente a la pantalla, pero, ¿y los adultos? ¿Realmente es una cuestión tan vital pasar tantas horas frente a los dispositivos? Algunos niños aprenden y reflejan los comportamientos que ven en sus predecesores. Del mismo modo que, ante la falta de atención (nunca mejor dicho) de éstos, la mejor manera de reclamarla es quitándoles a mamá y papá sus teléfonos, o portarse mal, lo que lleva a otras complicaciones, fáciles de evitar, obrando como debe ser.

Ejercicio y descansar

¿Por qué el tiempo de pantalla afecta la capacidad de los niños para prestar atención? La explicación más aceptada tras el estudio, que es concluyente pero no determinante, gira entorno al hecho de que suplanta otras actividades más beneficiosas para el desarrollo, ya no sólo intelectual en el aprendizaje, sino rutinas como hacer ejercicio o dormir.

La realización de cualquier actividad física organizada es importante para desarrollar habilidades de atención. Se genera interacción, estar atentos a las reglas o normas del “juego”, saber escucharlas y entenderlas, desarrollar su motricidad… Y, dormir adecuadamente también es vital. No sólo en la edad infantil, sino incluso cuando somos adultos. ¿Quién no tiene una mala noche, descansa poco, sufre insomnio…, y al día siguiente se encuentra de mal humor y le cuesta concentrarse en las tareas que debe desempeñar?

Por lo tanto, aunque las aportaciones aún deban terminar de estudiarse, una cosa está clara: limitar el tiempo que pasan nuestros hijos frente a las pantallas digitales y potenciar otras actividades saludables, es fundamental.