Oír y escuchar

El rendimiento escolar de nuestros hijos
octubre 16, 2020
Las primeras relaciones amorosas
diciembre 16, 2020

Oír y escuchar

¡Mi hijo no me escucha! ¡Mi hijo no me hace caso! Son, sin duda, dos frases dichas, reiteradamente, por miles de padres que, seguro conocéis, y que hartos de paciencia os habéis repetido cuando éstos os han sacado de vuestras casillas. Pero ¿por qué los niños no escuchan? ¿Es realmente culpa de su desatención por no querer hacerlo, o existe otro problema de trasfondo?

Entre adultos, muchas veces, ya nos sucede que tenemos problemas para distinguir entre dos términos que marcan la diferencia: oír y escuchar. Cabe destacar que, aunque similares, no son lo mismo e implican cosas distintas. Si de mayores ya enfrentamos esa dificultad, no es para nada ilógico pensar que, a nuestros pequeños, todavía, les cueste más. El problema es que para ellos es pronto aún y debemos sabernos hacer entender. Sino sabemos hacerles llegar nuestro mensaje y sentar una comunicación clara y fluida, no conseguiremos que entiendan que implica oír y escuchar y, por tanto, que hagan caso a todo lo que les decimos. Por eso, es importante saber cómo hablar con ellos y hoy, en esta nueva entrada de nuestro blog de Psicólogos Tortosa, vamos a tratar esta problemática tan común.

Por qué no nos escuchan nuestros hijos

Como decíamos, no es que nuestros pequeños no nos escuchen, es que no nos hacen caso, al menos a la primera, porque, la mayoría de veces, no sabemos explicar las cosas para que las oigan con la atención que requieren y, por ello, nos vemos obligados a repetirlo una y otra vez, llegando a perder la paciencia y a cometer uno de los primeros errores a la hora de hacernos entender: gritar. Malpensamos, quizás, que tienen un problema de oído (¿que están sordos?), y que, si no les gritamos, no nos escucharán, pero, lógicamente, no es así -nadie mejor que ellos tiene en plenas facultades el sentido del oído-. Podemos, con ello, perjudicar la comunicación y lograr el efecto contrario. Por eso, lo primero que debemos hacer es evitar los gritos en la interacción con los hijos.

Tras entender eso, es importante que comprendamos por qué no nos escuchan o parecen no oírnos cuando les hablamos. Por un lado, es normal que, a estas alturas, olvidemos lo que significa ser pequeño y obviar las carencias cognitivas que a esas edades -todos- tenemos. Esto, obviamente, dificulta que nos entendamos y, por consiguiente, que no hagan lo que les decimos. Otro error común es creer que cuando, precisamente, les pedimos que hagan algo y no lo hacen, es porque no nos escuchan, no quieren hacerlo y nos retan desobedeciéndonos, para enfadarnos y molestarnos, sin pensar que, muchas veces, es simplemente esa cadena de mal entendimientos e incomprensión hacia lo que les estamos pidiendo. Por eso, es importante saber hablarles de forma concisa y concreta, empleando un lenguaje y un tono que sepamos que comprenderán.

Consejos para hablar con nuestros hijos

  1. Nada de gritar.

Como hemos dicho, nuestros hijos no están sordos, sólo no entienden lo que les decimos porque no lo hacemos en el mismo plano. Nunca debemos gritarles. Los gritos no son efectivos. Subir el volumen de nuestras conversas no es la solución, porque tampoco es ese el problema. Además, son perjudiciales para su desarrollo emocional y para vuestro vínculo afectivo.

  1. Explicar siempre las cosas.

Darnos a entender implica explicarnos para que el mensaje llegue. A un niño, decirle que haga o deje de hacer algo, sin saber porque, puede causar ese malentendido. Todo tiene un motivo y es importante hacérselo llegar a nuestros hijos. Seguro que, si comprende el porqué de lo que tiene que hacer, estará más dispuesto a hacerlo.

  1. Practicar la escucha activa

Es decir, cuando queráis establecer una comunicación fluida y que llegue el mensaje como es debido, poneros a su altura para que podáis miraros a los ojos. La cuestión es crear ese vínculo sólido, sin distracciones, mostrándole toda vuestra atención. Y obrar, de igual forma, cuando sea al revés. Si tú no le escuchas cuando te habla, no puedes pretender que luego él haga lo mismo.

  1. Empatía

Entender las emociones de nuestros hijos es, también, algo que beneficiará nuestras conversas y que estos entiendan lo que les decimos.

  1. Hacerlo juntos

Si pedimos a nuestros hijos que hagan cosas que, probablemente, no hayan entendido, y que, además, deban afrontarlas por sí mismos, puede que creemos un conflicto en su interior. Por ello, otra opción es practicar todos los pasos anteriores y proponerles hacerlo juntos. De esta forma, seguro asumen el significado de la responsabilidad que entraña y, para la próxima vez que se lo pidamos, sabrán exactamente qué hacer y, quizás, logren hacerlo solos.

  1. Usar un lenguaje entendible

Los mensajes deben llegar de forma clara, sencilla y concisa. Como decíamos antes, nada de gritos y es bien utilizar las palabras exactas, adaptadas a su edad y desarrollo.

  1. Derecho a decidir

Ciertamente, habrá cosas que les pidamos que no podrán esperar, pero en el caso de actividades que puedan tener más flexibilidad, démosles el beneficio de la duda -en cuanto a que realmente lo han entendido- y permitámosles cierta libertad para elegir cuándo y cómo hacerlo. De esta manera, sentirán que sus opiniones cuentan y, seguramente, pudiendo elegir, harán las cosas más a gusto y dispuestos.

Recordad que los niños que se sienten respetados y comprendidos son mucho más propensos a escuchar, a poner interés a la hora de querer entender las cosas, y a hacer caso. No dejéis de trabajar estos aspectos en la comunicación con vuestros pequeños. Fomentad el vínculo que os une y veréis como entre todos, juntos, os oís y escucháis más y mejor.