Niños y mascotas

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Niños y mascotas

En la vida de todo niño siempre llega ese momento en el que éste ansía disfrutar del deseo de tener una mascota. Ese algo instintivo que le lleva a querer cuidar, proteger, alimentar, dar afecto y disfrutar de la compañía de otro ser.

Desde su particular óptica, ellos ven como nosotros realizamos todas esas funciones con ellos mismos. Son el último y más débil eslabón de la cadena (lógico), teniendo por encima a hermanos mayores, padres, abuelos… Pero ellos, también quieren demostrar que son capaces de velar por el cuidado de otros y mostrar al resto que aprenden de nuestro particular ejercicio.

Tener una mascota, conlleva ciertas responsabilidades y compromisos. Más allá de los deseos de nuestros hijos, debemos pensar, seriamente, en las consecuencias que implica dar el paso y ser, totalmente, conscientes de la realidad que nos concierne, pudiendo disfrutar de animales de compañía bajo los criterios lógicos en el cuidado de éstos.

Motivos para tener una mascota con niños

Tener una mascota es una experiencia muy gratificante, no sólo para los más pequeños. Los adultos también sacamos aspectos positivos y aprendizajes muy valiosos de la compañía de estos seres. Pero, centrándonos en lo que supone la bienvenida de un nuevo miembro a la familia, suscitada por el empeño de nuestros hijos a tener una, queremos que tengáis presentes los motivos que potencian esa elección, más allá de, como decíamos, hacerlo bajo la responsabilidad que conlleva la decisión y, siempre, según las oportunidades reales que a ésta podamos ofrecerle.

  • Promueve la empatía hacia otro ser
  • Siempre habrá quien espere y reciba el amor y cariño que les profesamos, del mismo modo que ellos van a demostrarnos a nosotros
  • Disminuye el estrés y la agresividad
  • Ayuda al desarrollo de valores como la responsabilidad, el compromiso, la fuerza de voluntad…
  • Permite a los más pequeños experimentar la sensación de tener a ese alguien que dependa de ello. Alguien a quien cuidar, proteger…
  • Es un aprendizaje en sí mismo sobre la naturaleza y el ciclo de la vida. Pasar por las distintas fases de crecimiento y desarrollo, llegando a la muerte
  • Mejora la autoestima y la seguridad en uno mismo
  • Ayuda a tener mayor comunicación entre la familia
  • Potencia las habilidades sociales
  • Desarrolla la inteligencia emocional

Una decisión difícil

Aunque nuestros hijos hayan demostrado ser suficientemente responsables y capaces de tener cura de otro ser, realidad y posibilidad, no siempre van de la mano. En base al tipo de vida que tengamos y a las características de ésta, deberemos trazar la línea de cuál es la mascota que mejor se adapta a nuestras condiciones. Por mucho que nuestros pequeños se empeñen en querer tener un perro, no será factible si vivimos en un piso pequeño y nunca hay nadie en casa. En esos momentos, hay que saber gestionar el anhelo y permitir que nuestros hijos sigan pudiendo cumplir su sueño de cuidar de otra criatura, limitada por la situación, marcada por la realidad que vivimos. Deben entender que a lo largo de su vida podrán tener la oportunidad de tener esa mascota en otro momento y que, lo importante ahora, es disfrutar de los beneficios y aprendizajes que supone otro animal, aunque no sea el que pensaban, pero que sigue dependiendo de sus atenciones y de su amor para sobrevivir.

Tampoco olvidéis que habrá tareas que, por mucho que nuestros hijos prometan encargarse, no harán. Tened en cuenta eso a la hora de elegir qué animal vais a acoger y volcad en vuestros hijos las tareas que puedan cumplir, pero no descarguéis sobre ellos toda la responsabilidad.

Las enseñanzas que permite la crianza de una mascota para los más pequeños son de enorme valor para su propio desarrollo emocional, tanto en los aspectos positivos y momentos buenos, como en los negativos. Tened todo eso en cuenta y disfrutad, juntos, de todos esos factores que ayudan a vuestros hijos a crecer y a aprender.