Niños caprichosos

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Niños caprichosos

Las típicas frases de: ¡quiero esto!, o lo que es peor aún y que cada vez está en boca de más niños: ¡necesito esto! Hay caprichos que para los más pequeños han dejado de ser un simple interés momentáneo y han pasado, por importancia e impaciencia, a ser una NECESIDAD. A su entender, y bien jugadas las cartas; la única forma de conseguir lo que quieren.

La escena es más que recurrente. Padres y madres desesperados ante pataletas por negarle a sus hijos lo que, al entender de todos menos de ellos mismos, es la realidad diaria de muchos: un capricho. La experiencia, según algunos, demuestra que, si no cedemos al chantaje, la cosa no va a parar. Existen situaciones que pueden manejarse mejor, pero otras, en cambio, se tornan demasiado bochornosas como para negarle al niño lo que quiere y evitar un escándalo en público más.

Si analizamos con detenimiento, un niño pide desde el mismo instante en que viene al mundo. La leche que lo alimenta, pañales limpios, atención… Y a medida que crece, sigue esa demanda de “cosas” que van más allá de sus necesidades reales. No sólo cubrimos un plano fisiológico, hablamos ya de sus inicios en el consumismo y el materialismo. ¿Complacerle siempre y darle lo que quiere, reducirá esa demanda? No. Entenderá que es muy fácil conseguir lo que quiere y, por lo tanto, aumentará las ansias de querer más.

Aunque es totalmente normal que tengamos que “luchar” contra esos momentos de caprichos en un periodo de la vida de todo niño (todos hemos pasado por ello), o que quieran mandar y salirse con la suya; debemos cuidar que esa conducta no se convierta en algo habitual. No debemos permitir, precisamente, lo que decíamos: que con un simple ¡quiero!, obtenga lo que desea. Es necesario hacerles entender -y aprender- que no siempre se puede obtener todo lo que uno quiere.

Aprender a decir no

Ceder ante las exigencias de los niños es más que tentador, especialmente, cuando nos vemos sobrepasados por el cansancio o la paciencia. Dejamos pasar “esa” ocasión y nos prometemos que no se volverá a repetir.

La forma óptima para evitar esas situaciones se basa en enseñar a nuestros hijos, desde bien pequeños, lo que es necesidad y lo que no. Cuando algo es un capricho y cuando no. Es comprensible pensar que, a ciertas edades, habrá niños que no entiendan el por qué, pero de igual modo hay que aprender a decir no y no sentirse culpable por ello. Es necesario, valga la redundancia, enseñarles que no todo se puede conseguir por el simple hecho de quererlo y pedirlo (ya que ellos no gozan de los medios para lograrlo por si solos).

¿Qué debemos hacer entonces? 

– Cuando se comporte como “niño caprichoso” y muestre una conducta inapropiada, lo mejor es ignorarla. Seguro se refugiará en todo tipo de rabietas y pataleta para persuadirnos de ello, pero ahí es donde debemos reforzar, todavía más, esta regla.

– Ponedle límites que entienda respecto al “querer porque necesito” y mantened vuestra palabra. Por ejemplo, y una tentación inequívoca: al salir a comprar juntos, hazle saber, desde antes de cruzar la puerta, que sólo vais a comprar lo que está apuntado en la lista (cena, utensilios para casa…).

– La unión hace la fuerza. En estas situaciones debéis estar de acuerdo ambos progenitores, tanto por lo que a la forma en cómo actuar se refiere, como a evitar que el niño os “mangonee” y se refugie en uno u otro logrando, así, salirse con la suya.

– Inculcadle el valor de compartir. Haced que vuestros hijos aprendan a valorar lo que tienen y sepan que existen personas que no tienen medios para conseguir lo que ellos, “sin esfuerzo” sí. Una manera de ver reflejada la diferencia entre necesidad y capricho. Que vean la realidad de las acciones hacia la beneficencia y conozcan que hay otros menos afortunados que ellos, eso les ayudará a apreciar lo que tienen.

– Sobran las palabras al recalcar que debemos explicarles la diferencia entre dos verbos vitales: querer y necesitar.

– Nada de premios de consolación ni recompensas, sin motivos de peso reales. Si premiamos a nuestros hijos con un: “te compro X si te portas bien”, lo único que conseguiremos es que tome como norma recibir “regalos” por una pequeña buena acción. Eso les vuelve insensibles a la circunstancia en cuestión y puede crear una espiral de sobornos cada vez mayores. Camuflaran su “capricho” en la excusa: “me lo merezco por haberme portado bien, o haber hecho esto como me dijiste”.

En definitiva, decir no a un niño no debe suponer nada diferente a decir sí. Debe hacerse del mismo modo, con cariño, sin alterarnos ni dejarnos arrastrar por sus “inesperadas” reacciones. Hay que saber mantenerse firmes en la decisión y procurar que, esa negativa sea consecuente con lo que pide, o exige, el niño. Es decir, que no obedezca a un mal momento nuestro en vez de a la situación concreta.