Las primeras relaciones amorosas

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Las primeras relaciones amorosas

Las primeras relaciones son siempre complicadas. Sentir amor por primera vez y descubrir lo maravillosa que puede ser esa sensación, más siendo jóvenes dispuestos a darlo todo e inexpertos ante los peligros del, también posible, primer desamor; es algo por lo que tarde o temprano nuestros hijos van a pasar. La etapa de la adolescencia suele ser el escenario ideal donde estos primeros pasos en el mundo del romance se suceden. Hablar de noviazgo con nuestros hijos puede resultar un poco complicado, pero es realmente importante que entre ambos haya confianza para tratarlo, especialmente, para conocer cuál es la situación sentimental de éstos y prevenirles de las cosas buenas que el amor puede aportarles, pero también de las “malas”.

Por esta razón, hoy, en esta nueva publicación en nuestro blog, Psicólogos Tortosa; queremos hablaros de cómo tratar el tema en casa y ayudar a vuestros hijos a entender ciertos aspectos que implica estar enamorado/a con, como decíamos, sus beneficios, pero también, sus inconvenientes.

El primer novio/a

Establecer un pronóstico de cuando nuestros hijos van a tener un primer amor y, por primera vez, van a decirnos: “Tengo novio/a” es un poco relativo. No hay una edad predeterminada para la primera relación. Según la personalidad, la gestión de las relaciones sociales y el entorno, el ambiente familiar, la escuela o instituto, la madurez, el desarrollo… Todos esos factores pueden incidir en que ello suceda antes o después, pero, generalmente, si podemos presuponer que la mayoría de primeras relaciones de noviazgo que surgen, llegan en la adolescencia, entre los 14 y los 18 años.

Como decíamos, al ser la primera, todo es nuevo y la sensación inicial es muy intensa. El amor que descubren es completamente diferente al tipo de amor que hasta ahora han experimentado. Una novedad a la que se aferran porque no conocen el dolor del fracaso en esos términos y, por tanto, sólo creen en que viven el sentimiento más importante del mundo junto a alguien que durará para siempre porque, ¿qué puede romper algo tan maravilloso? Pero rara vez es así.

Hablar de noviazgos con ellos

Durante la adolescencia se producen dos procesos clave que regulan esa percepción ideal de lo que es el amor. Por un lado, la revolución hormonal y, por el otro, la madurez emocional y personal. Cualquier inicio de noviazgo puede propiciar que nuestro hijo, o hija, madure emocionalmente, de forma repentina, y comience a comprender cómo es el mundo de las relaciones y lo que se puede esperar de una pareja. Ese grado de madurez será fundamental para frenar el impacto de las consecuencias que se pueden desprender de la relación. No hablamos sólo de poner fin a ésta, sino del transcurso de sucesos que pueden desarrollarse durante la misma: presión para hacer lo que se espera que hagamos, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual (ETS), violencia de género, bullying, ansiedad, depresión… Son muchos los problemas que puede traer una relación de pareja a nuestros hijos adolescentes; conflictos que a su corta edad no han tenido que afrontar, quizás que ni han descubierto, y ante los que pueden no estar preparados, por eso es vital la intervención y mediación como padres, hablando de ello con éstos y ayudándoles a estar listos para cualquier desarrollo.

Si todavía no habéis tenido lo que, buenamente, los jóvenes denominan como “la charla”, es importante hacerlo y tratar los temas fundamentales:

– Sexo: la mayoría de chicos tiene su primera relación en torno a los 16 años, por lo que no perdáis el tiempo y habladles ya de sexo seguro.

– Emociones: sin desmerecer los sentimientos de vuestros hijos ante su primer gran amor, es importante prevenirles sobre lo que puede pasar, y es que casi todo lo que empieza, algún día tiene que acabar, más a esas edades y con todo el tiempo y oportunidades que les esperan por delante.

– Respeto: no sólo éste, la confianza, la comunicación… Bases sólidas que deben asentarse para que una relación fluya como debe. Cualquier vulneración de éstas puede representar un grave conflicto de propósitos y desencadenar peores consecuencias reflejo de lo que muchos chicos han visto u oído sobre las relaciones, no experimentado.

Reticencia inicial

El principal problema que surge en este tema es que puede ser que vuestros hijos no tengan la suficiente confianza para hablar de ello con vosotros y contaros esa parte de su vida privada. La confianza no es algo que se construya en un solo día y aunque deberían mostrar más empatía en ese aspecto por todo lo que les hemos dado desde su infancia y en este preciso momento de su adolescencia; en lo que a temas personales se refiere, la reticencia es mucho mayor.

No os preocupéis por ello. Seguid estos consejos y veréis como, poco a poco, se abren más:

– Cread un clima de confianza y acostumbradles a tener esas charlas diarias. No para hablar de eso en concreto, sino de cómo les ha ido el día en general, novedades en clase, etc.

– Habladles de vuestros temas personales, lo que os preocupa… Si ve que vosotros os implicáis, ellos verán más fácil hacerlo también.

– Dedicadles tiempo y fortificad el vínculo padre-hijo con una base sólida para una relación cercana y agradable.

– Nada de espiarles. Si sospechan que cotilleáis en su intimidad conseguiréis que la desconfianza aumente.

– Si lográis que se abran y os expliquen sus cosas, escuchadlos y no os enfadéis a la mínima u os alteréis por lo que hayan podido hacer. Aunque sea algo serio, intentad ayudarles sin reproches.

– Conocer a sus amigos y saber con quién se relaciona puede ayudaros a intuir si siente algo por alguno de ellos.

– Prestadles siempre vuestro apoyo. Si ellos saben que estáis ahí para ellos, acabarán acudiendo cuando lo necesiten, sólo debéis tener paciencia.