La importancia de un diagnóstico precoz

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La importancia de un diagnóstico precoz

La importancia de un diagnóstico precoz

Ser padre o madre es una experiencia única, plagada de sensaciones y emociones, las cuales, por un lado, nos hacen llegar a la felicidad más extrema, pero, por otro, nos llenan de angustia e incertidumbre. Como tales, no es de extrañar que seamos los mayores conocedores del estado de salud, conocimiento, desarrollo, etc., de nuestros hijos. Desde pequeños los criamos y vivimos 24 horas pegados a sus necesidades, por ello, somos los primeros en saber detectar las anomalías o dificultades presentes en nuestros bebés. Es de suma importancia, no pasar por alto esas observaciones e intuiciones y prestar atención a cualquier cambio o disfunción que apreciemos. Si llevamos a cabo ese ejercicio sintomático, podemos ayudar a detectar de forma precoz graves enfermedades y trastornos comunes en el desarrollo de todo bebé, pero que a veces, como tales, no se aprecian claramente hasta cierta edad del niño.

En este sentido, por ejemplo, si podemos diagnosticar de forma prematura trastornos como el del autismo, podemos ayudar de forma inimaginable a nuestros hijos, favoreciendo una actuación temprana de los servicios profesionales pertinentes (médicos, psicólogos, fisioterapeutas, etc.), que les ayuden a paliar o, incluso, hacer reversibles, algunas de las dificultades que se presentan en estos casos, y evitemos así una mayor gravedad de los síntomas de la enfermedad.

No obstante, también debemos remarcar que, como profesionales, no siempre toda conducta disfuncional puede ser sinónimo de problemas o comportar un trastorno en el desarrollo. En nuestro centro hemos sido testigos de padres preocupados por pequeñas disfuncionalidades que, simplemente, resultaban ser un retraso en el desarrollo temporal del niño. Y es que cada persona es un mundo, por lo tanto, cada bebé tiene sus fases de desarrollo propias, por lo que generalizar y traumatizarse porque nuestro hijo sigue un ritmo más bajo que otros niños de su misma edad, no nos ayuda, ni tiene que significar nada malo. Existen muchas condiciones a valorar para determinar, en conjunto, que realmente hablamos de un trastorno preocupante.

Angustias prematuras, ¡no gracias!

Los niños siguen sus propios procesos de desarrollo y su particular periodo de madurez, similares pero cada uno a un ritmo distinto. Además, gracias a su gran perceptibilidad, los niños y bebés son seres especialmente sensibles, capaces de detectar el estado de ánimo de aquellas personas que los rodean, con mayor fuerza, las sensaciones que tienen sus padres y reaccionar de forma distinta según la afectación de este hecho.

Por todo ello, es importante no transmitir emociones como el pánico o la preocupación severa ante un principio de diagnóstico preocupante. Puede que, y en la mayoría de casos, no sea nada y, en cualquier caso, el pediatra, psicólogo o experto que consultemos, sepa disipar esa montaña que hemos construido de un pequeño grano de arena y, al mismo tiempo, nos sirva para tranquilizarnos y ayudar a nuestro pequeños en su apropiado crecimiento.

En el caso de haber observado algún comportamiento disfuncional, es importante esperar a la valoración profesional por parte de expertos especializados y así descartar, o bien diagnosticar, el síndrome o trastorno, para poder intervenir de forma preventiva.

Un padre o una madre angustiados y preocupados por su hijo es el indicador más común para reflejar nuestro apego y amor por esa pequeña criatura, pero también pueden denotar muestras de actitudes y actuaciones precoces, sin pensar, que condicionen las medidas y formas cuando las tomemos. Por lo tanto, también es igual de importante poder ser escuchados e informados de forma adecuada por los profesionales especializados antes, durante y después del diagnóstico, sea cual sea.

Ante el mínimo indicio de la presencia de alguna dificultad en el desarrollo de nuestro hijo, el primer paso es consultar al pediatra, enfermeras, psicólogos, maestros o expertos en contacto con estas temáticas y las contraindicaciones que pueden surgir de ellas, para activar la voz de alarma y resolver cualquier duda.

Señales de alarma en bebés a partir de 3 meses

A continuación, os dejamos una lista con algunas de las alteraciones en el comportamiento y desarrollo de vuestros hijos que pueden tener un significado preocupante y que viene mejor hablar con el experto en cuestión para desestimar toda posibilidad de estar frente al diagnóstico de algún trastorno o enfermedad de gravedad.

  • Falta de interacción social
  • Alteraciones en los hábitos básicos: alimentación, sueño…
  • Llanto apagado
  • Mirada ausente
  • Rechazo a ser cogido
  • Niño excesivamente bueno (duerme mucho, no pide comida cuando se supone que debe tener hambre…)
  • Movimientos extraños con los ojos o con la lengua dentro de la boca
  • Poca curiosidad por explorar el entorno
  • Gateo torpe
  • Interés compulsivo por objetos extraños
  • Sobreexcitación
  • Sordera ficticia o hipersensibilidad ante ruidos repentinos (golpes, truenos…)
  • Obsesión por alinear objetos, por las repeticiones y las secuencias