Indicios que no debemos ignorar para saber si padecemos ansiedad

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Indicios que no debemos ignorar para saber si padecemos ansiedad

Indicios que no debemos ignorar para saber si padecemos ansiedad

La ansiedad es, según la definición oficial, “una respuesta de anticipación involuntaria del organismo frente a estímulos que pueden ser externos o internos, percibidos por el individuo como amenazantes y/o peligrosos, acompañados de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. Se trata de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.”. La ansiedad, sigue diciendo la enciclopedia, es una “sensación o un estado emocional normal ante determinadas situaciones y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones cotidianas estresantes. Por lo tanto, cierto grado de ansiedad es incluso deseable para el manejo normal de las exigencias o demandas del medio ambiente”. Hasta aquí, nos enfrentamos a la cara amable de la ansiedad y a un contexto que, a priori, poco tendría que ver con la intervención de profesionales para gestionarla. Entonces, ¿qué sucede? Si seguimos leyendo unas líneas más encontramos la frase que nos interesa resaltar: “Únicamente cuando sobrepasa cierta intensidad —desequilibrio de los sistemas de respuesta normal de ansiedad— o se supera la capacidad adaptativa entre el individuo y el medio ambiente, es cuando la ansiedad se convierte en patológica, provocando un malestar significativo, con síntomas físicos, psicológicos y conductuales, la mayoría de las veces muy inespecíficos”.

Nos gustaría resaltar, de esta última oración la palabra inespecíficos, y es que, a veces, nos encontramos en un estado anímico extraño, con sensaciones mezcladas y acciones que nos llevan a escoger un camino y no otro que, de modo oculto, resultan esconder tras de sí la auténtica cara de la ansiedad, las cuales pero, sin un diagnóstico claro, no terminan de convencernos del problema que sufrimos. A diferencia de las enfermedades físicas, las psicológicas no son siempre tan sencillas de explicar, ya que en el trastorno confluyen síntomas físicos, emocionales y cognitivos que pueden convertirse en verdaderos dolores de cabeza, siempre remediables cuando podemos darles una explicación.

Conocer los primeros síntomas de la ansiedad puede ser de gran ayuda para detectarla rápidamente y detener su avance, antes no se convierta en ese calvario nada deseable. Por ello, hoy, desde esta nueva entrada en nuestro blog, queremos presentaros cinco síntomas claros que se enmarcan en el cuadro de esta enfermedad y que, si sufrís, puedan alertaros para una detección a tiempo.

Síntomas de la ansiedad que suelen pasar desapercibidos

  1. Pies fríos. Como decía la definición, la ansiedad alerta a nuestro cerebro de un estado de peligro, por lo que éste, automáticamente, redirige el flujo sanguíneo hacia los órganos más importantes del organismo a modo de protección. Esto provoca que llegue menos sangre a las extremidades.
  2. Bostezos frecuentes. Los bostezos no son solo un indicador de sueño o hambre, también pueden convertirse en uno de los primeros síntomas de ansiedad. Una investigación realizada en la Universidad de Bournemouth desveló una conexión entre la frecuencia de los bostezos y el aumento de cortisol en sangre, la hormona del estrés.
  3. Pesadillas. Si padecéis pesadillas recurrentes, de esas que se repiten con frecuencia, es probable que os halléis ante una forma de expresión más de ansiedad. Según un estudio realizado por un grupo de psicólogos de la Universidad de Cardiff: “las pesadillas ocasionales son un intento de darle sentido a las experiencias diurnas, pero las pesadillas recurrentes son el resultado de emociones negativas derivadas de una profunda sensación de falta de control sobre nuestras vidas y la idea de que somos incapaces de lidiar con los problemas”.
  4. Despistes y falta de concentración. Las dificultades a la hora de enfocar la atención pueden deberse a un fenómeno conocido, en este caso, como “fibroniebla”, una incapacidad para aferrar la realidad y pensar con claridad.
  5. Sabor metálico en la boca. La ansiedad suele causar un sabor metálico en la boca, para el cual existen diferentes explicaciones. Una de las más probables es que debido al alto grado de estrés, por un lado nos ocasiones daño sin ser conscientes de ellos a veces, como apretando los dientes mientras dormimos; o nos causemos heridas al mordernos sin querer. Además, en ese estado las bacterias de la boca reaccionan dentro de ésta causando que las encías sangren. ¿El resultado? Una boca con sabor metálico.

Eliminar la ansiedad antes que nos elimine ella

Si sabemos identificar en nuestra situación estos indicios, o somos conscientes de que podemos estas padeciendo ansiedad, es importante buscar ayuda cuanto antes. Lógicamente, a mayor detección precoz e inicio del tratamiento, más rápido podremos vencer la ansiedad y más duraderos serán sus resultados.

La ansiedad sigue un patrón acción-reacción que gira entorno un peligroso círculo vicioso. Con el paso del tiempo, y frente a situaciones que provoquen la práctica de ese mismo patrón, nuestro cerebro toma automatismos al respecto y memoriza las respuestas, de manera que si le permitimos crear vínculos más fuertes entre ellos, será más difícil romper ese patrón y combatir la ansiedad.

La situación actual del mundo en el que vivimos ha provocado un aumento en el diagnóstico de casos de ansiedad, cada vez más preocupantes y difíciles de erradicar. Se habla ya de la “ansiedad resistente”, visible en aquellos pacientes que no responden a los tratamientos establecidos hasta el momento, debido mayoritariamente, a su larga espera a la hora de buscar ayuda. Ante cualquier indicio de sufrir alguno de estos síntomas, claro presagio de lo que puede conllevar a un cuadro de ansiedad, os recomendamos pedir ayuda profesional y tomar cartas en el asunto antes no sea demasiado tarde. Comprender la importancia de una detección precoz, os llevará también a comprender sus mecanismos y técnicas para mantener a raya la ansiedad y mejorar vuestro estado de salud.