Hablar de drogas con ellos

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Hablar de drogas con ellos

Existen gran cantidad de temas, en el desarrollo de todo ser humano, que no son siempre fáciles de tratar, pero de los que debemos hablar sin pudor, para que sean comprendidos y puedan abordarse cuando sea necesario. El problema de ellos es que son temas “delicados” que hay que comenzar a conocer en edades muy tempranas, sin un conocimiento del mundo demasiado amplio y un entendimiento de la materia, en concreto, que puede decantar la balanza hacia cualquier lado. El sexo, los maltratos, las drogas… Todos estos temas son claves en la educación de nuestros hijos y en la formación de su propia visión de cada uno de ellos. Obviarlos, lógicamente, no cooperará a ello, pero debemos ser conscientes del modo en el que los introducimos en sus mentes y cuando es el momento indicado para hacerlo.

La adolescencia es una de las etapas de desarrollo y crecimiento más complejas, que transcurre entre los 10 y los 19 años. Un punto intermedio entre la niñez y antes de la edad adulta. Este periodo es sumamente importante en el porvenir mental y emocional de nuestros “pequeños”. Las experiencias que se viven durante esos años son vitales para dar un empujón enorme a su preparación para cuando sean adultos. Se adquieren actitudes, madurez, razonamiento…, y una identidad propia para establecerse como personas independientes. Y es en este momento cuando debemos tratar, con sumo cuidado, esos temas peliagudos que crearán el ideario y los patrones de conducta fundamentales. Como adultos que ya hemos pasado por esa fase, debemos saber gestionar hablar de todo tipo de asuntos que confluyen en nuestras vidas y hacerlo influyendo positivamente en los jóvenes, para evitar que se generen consecuencias negativas.

Los peligros para gestionarlo en la adolescencia

Este periodo es complicado. Al encontrarnos en un intervalo entre dos momentos del desarrollo personal muy alejados: infancia (dependencia total de nuestros progenitores, primeros conocimientos básicos…) y edad adulta (ansia de independencia, querer saberlo todo…), realmente nos encontramos en un impasse, lejos de la estabilidad de ninguno de los dos.

Además, es en esta etapa cuando nos desarrollamos plenamente y cuando adquirimos conciencia, pero al mismo tiempo, es cuando menos conscientes somos de todo, o menos comprensión le damos a las cosas. Existe cierta discordancia entre entender conceptos y actuar en consideración para evitar posibles consecuencias.

Esta inmadurez e incapacidad son las características que los convierten en vulnerables ante ciertos temas de alto riesgo. Si a ello le sumamos la rebeldía común por el anhelo de una independencia que les llegará, pero que ahora más que nunca ansían conseguir a su manera; y las posibles influencias del entorno en el que se mueven, obtenemos un cóctel difícil de gestionar.

Como padres, tenemos que saber ver la llegada de ese momento y cómo mediar en él. Aportar nuestro conocimiento y hacérselo entendible, eligiendo las palabras y el enfoque oportunos. En el caso de las drogas, el tabaco o el alcohol, son vicios que conllevan perjuicios en la salud, más si se incurre en ellos a edades tan tempranas. Y más, aún, si el consumo que se hace de ellos nace por simple curiosidad; por probar algo relacionado con el mundo de los adultos, o por cierta presión de grupo y la necesidad de encajar.

Síntomas del consumo de drogas

Si no actuamos como corresponde y obviamos hablar del tema de las drogas con nuestros hijos, antes que su interés los lleve por el mal camino; existen ciertas señales que nos indican cuando el consumo de estas sustancias está afectándoles. Indicios que deben servirnos para poner cartas en el asunto y solventar sus dudas, y alejarles de éstas.

  1. Bajo rendimiento y problemas de disciplina.
  2. Cambios repentinos de humor.
  3. Dejar de mostrar interés por las aficiones habituales.
  4. Tensión en las relaciones familiares.
  5. Pérdida del apetito.
  6. Enrojecimiento de los ojos.
  7. Uso de productos aromatizantes para ocultar los olores.
  8. Ausencias y retrasos en el instituto o trabajo (mayores de 16).
  9. Dificultad de concentración.
  10. Pedir cuantiosas cantidades de dinero.

Otras formas de hablar sobre ello

Si vemos que no vamos a ser capaces de tratar el tema con nuestros hijos, aun cuando lo desconocen, o lo hemos intentado, pero es demasiado tarde y han caído en el consumo de estas sustancias y queremos ayudarles a conocer todos los inconvenientes que tiene en nuestra vida la presencia de las drogas y los estragos que causan; existen programas escolares, comunitarios y ayuda profesional, para contribuir en la prevención del consumo de drogas en adolescentes, con resultados muy positivos.

Una forma de garantizar que reciben, totalmente, la información necesaria para formar su propio criterio sobre este complejo tema. Y unas charlas que, muchas veces, incluso los propios padres no deberían obviar. Educación que no solo enseña a los jóvenes, también a padres y madres que pueden descubrir cosas nuevas. Entre tanto, os dejamos algunas recomendaciones que podéis aplicar a la hora de hablar de drogas con vuestros hijos y evitar que éstos caigan en sus temibles “garras”:

1- Transmitir valores positivos y correctos cuando se hable de temas delicados.

2- Reforzar del mismo modo las conductas que lo merezcan y, cuando no, corregir las negativas explicándoles el motivo de por qué es así.

3- Predicar con el ejemplo y ser un ejemplo para nuestros hijos.

4- Mantener una comunicación abierta y comprensiva en el hogar. Mostrar nuestra predisposición para dialogar ante cualquier duda, problema…

5- Conocer a su grupo de amigos y ofrecer nuestro hogar como un punto de reunión neutro y seguro.