El rendimiento escolar de nuestros hijos

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El rendimiento escolar de nuestros hijos

Aunque este año puede ser un tema peliagudo y que deberemos analizar con detenimiento tras un parón -forzado y necesario- muy prolongado, que veremos cómo afecta a los más pequeños; la verdad es que el rendimiento escolar de nuestros hijos siempre ha formado parte de uno de los tópicos más discutidos en sesiones psicológicas. Es lógico que, desde bien pequeños, nos preocupemos por el devenir de su educación, ya que ello es una inversión de futuro para que puedan asumir mayores retos, enfrentarlos y lograr alcanzarlos para cosechar más éxito.

El rendimiento en la escuela de nuestros hijos depende de varios factores que inciden en el entorno de éste. Más allá, pero, de esos aspectos externos que pueden incidir, decisivamente, en ello, vamos a analizar hoy, en esta nueva publicación en nuestro blog Rosa Mª Balsells Psicólogos Tortosa, algunas de las características más comunes para detectar que nuestros hijos no están sabiendo canalizar su enorme intelecto y cómo podemos ayudarles a afrontarlo y recuperar un buen nivel de estudio, creando hábitos de trabajo y patrones motivacionales.

Indicadores de bajo rendimiento

Podemos percibir en la actitud de nuestros hijos esos indicadores que, claramente, identifican una conducta negativa entorno al mundo del estudio. Esa tendencia, causada por diferentes factores que, a nuestros ojos, como profesionales, padres y tutores de los más pequeños; podemos alertar para ayudar al niño a superar ese vórtice y salir adelante con entusiasmo. Algunos de ellos son:

– Cuando el niño no muestra ningún aliciente por ir al colegio. Todo ello se hace visible en esos pasos previos a la salida de casa: le cuesta levantarse, vestirse y desayunar.

– Notas bajas y malas calificaciones. Son el mejor indicador de que algo no funciona como debería.

– Desarrollo de ciertos comportamientos o conductas inusuales en el niño en sí, en el colegio: rebeldía, apatía, falta de constancia, desgana, desinterés…

– Centrar el foco de atención en cualquier otra actividad que no tenga nada que ver con en el estudio y todo lo que conlleva el colegio.

– Realizar los deberes en casa se convierte en una tediosa labor. La excusa es que, tras la larga jornada en las aulas, ahora no le apetece tener que ponerse de nuevo “manos a la obra”.

¿Qué provoca ese bajo rendimiento escolar?

Como decíamos antes, son muchos los factores que pueden incidir en cada niño a la hora de sentar unas bases para que su rendimiento escolar no sea el deseado. Aspectos externos ligados a su personalidad y a su forma de desarrollarse: personas con las que interactúan (familia, amigos…), referentes en los programas de televisión -o libros- que puedan consumir… Todos ellos inciden en menor o mayor medida.

Uno de los focos principales de su falta de motivación y grado de concentración, pero, suele tener su origen en el núcleo familiar.

Lo primordial en estos casos es, por lo tanto, actuar responsablemente ante la situación y ser unos buenos padres que hacen entender a sus hijos la importancia de su educación, el papel fundamental que jugará ésta en su vida, y cómo se está haciendo mayor. Crece hacia la edad adulta y eso conlleva tener que asumir cada vez más responsabilidades. Es bueno que conozca la realidad desde el inicio y que sepa que según vayan pasando los años y deba acceder a cursos superiores, su carga de trabajo y esfuerzo necesario para afrontarlo, también lo hará. Es un compromiso largo, pero que nos permite adquirir conocimiento y formarnos como personas para seguir desarrollándonos.

No desanimes a tu hijo. Aunque te arrastre a ti también a tener que ayudarle a ello, después de una jornada laboral odiosa, sigue creyendo en esa inversión de futuro y en que es un método positivo que refuerza el vínculo entre los dos.

Otras formas de hablar sobre ello

Si vemos que no vamos a ser capaces de tratar el tema con nuestros hijos, aun cuando lo desconocen, o lo hemos intentado, pero es demasiado tarde y han caído en el consumo de estas sustancias y queremos ayudarles a conocer todos los inconvenientes que tiene en nuestra vida la presencia de las drogas y los estragos que causan; existen programas escolares, comunitarios y ayuda profesional, para contribuir en la prevención del consumo de drogas en adolescentes, con resultados muy positivos.

Una forma de garantizar que reciben, totalmente, la información necesaria para formar su propio criterio sobre este complejo tema. Y unas charlas que, muchas veces, incluso los propios padres no deberían obviar. Educación que no solo enseña a los jóvenes, también a padres y madres que pueden descubrir cosas nuevas. Entre tanto, os dejamos algunas recomendaciones que podéis aplicar a la hora de hablar de drogas con vuestros hijos y evitar que éstos caigan en sus temibles “garras”:

1- Transmitir valores positivos y correctos cuando se hable de temas delicados.

2- Reforzar del mismo modo las conductas que lo merezcan y, cuando no, corregir las negativas explicándoles el motivo de por qué es así.

3- Predicar con el ejemplo y ser un ejemplo para nuestros hijos.

4- Mantener una comunicación abierta y comprensiva en el hogar. Mostrar nuestra predisposición para dialogar ante cualquier duda, problema…

5- Conocer a su grupo de amigos y ofrecer nuestro hogar como un punto de reunión neutro y seguro.

¿Cómo afrontarlo?

En primer lugar, lo que ya hemos repetido varias veces respecto a la tendencia de nuestros hijos de ser el reflejo de lo que ven en los patrones de acción de sus progenitores. Tu hijo dará a sus estudios la misma importancia que tú demuestres por ellos. Si mostramos interés y entusiasmo por salir de casa e ir aprender junto a nuestros amigos, o le hacemos ver el lado divertido de aprender sobre cualquier asignatura con ejemplos prácticos y cercanos, seguro sus ganas por intentarlo y esforzarse aumentarán.

De igual forma es importante hablar con nuestros pequeños de cómo ha ido el día en el colegio. Sin atosigarles, es bueno animarlos a que nos cuenten qué es lo que han aprendido en clase, cómo creen que pueden aplicar ese nuevo conocimiento en su día a día, medir las ganas de seguir cosechando información…

Y no hay que olvidar que, además de la figura de los padres en ese desarrollo personal y la lucha contra el bajo rendimiento escolar, existe otro actor fundamental: el profesor/tutor. Es la persona que más información tiene sobre ese aspecto de nuestros hijos y sobre su trabajo, por tanto, es muy conveniente disfrutar de una relación fluida: mantener reuniones periódicas, pedirles consejo para saber hacerlo bien, etc.