Disfrutar de una velada tranquila en el restaurante

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Disfrutar de una velada tranquila en el restaurante

Disfrutar de una velada tranquila en el restaurante

Decidir ir a comer a un restaurante con niños y pretender disfrutar de una larga y tranquila sobremesa, puede convertirse en una auténtica odisea, no sólo para nosotros, como padres, sino incluso, para los propios niños. Pensándolo bien, es algo normal, ya que es imposible pretender que nuestros hijos logren estarse quietos en un mismo sitio sin jugar más de dos horas. No obstante, la misión no es del todo imposible y puede conseguirse. ¿Queréis saber cómo afrontarla? Hoy, desde esta nueva entrada en nuestro blog, os lo contamos.

No hay que renunciar a nada

Y es que, en la actualidad, esa debe de ser la premisa. ¿Por qué renunciar a disfrutar de nuestro tiempo de ocio junto a nuestros hijos? Además, existen ocasiones especiales, como cumpleaños o celebraciones (bodas, bautizos, comuniones…), que llevan consigo el tener que acudir a ellas y sobreponerse a la situación, sea como sea.

El problema aparece, mayormente, cuando los niños se cansan de estar mucho tiempo sentados y sin hacer nada en el mismo sitio, por muy tranquilos que sean. Además, normalmente, según el tipo de reunión que se celebre, si son varios los niños que se juntan, los estados de nerviosismo pueden llegar a contagiarse. En ese momento se desata el autocontrol que da paso a la locura de chillidos y carreras, algo que puede suponer, no sólo el bochorno de los propios padres por las molestias al resto de comensales, sino, también, un auténtico peligro para los más pequeños. No olvidemos que en el restaurante los camareros tratan de moverse entre las mesas sirviendo platos calientes, o llenos de bandejas sucias con copas de cristal y cubiertos que pueden caer y dañar a alguien.

Todos tenemos derecho a ir a un restaurante, y las familias y los niños, lógicamente, también. Por eso lo que hay que intentar, siempre, es que los más pequeños no molesten ni al personal del restaurante ni al resto de clientes. Evitar que salgan corriendo de la mesa y se inmiscuyan en el trabajo y el ocio de las otras personas.

Ideas para entretenerles

Cuando sepamos que tenemos que ir a un restaurante a comer con nuestros hijos, en el que la comida se va a alargar, es conveniente ir con algunas ideas que sirvan para que los niños estén entretenidos y, por lo tanto, no molesten a los comensales y camareros.

1- Encontrar el restaurante apropiado. Todos sabemos que existen restaurantes y restaurantes. Cada vez hay más espacios que se adaptan a las necesidades de las familias y disfrutan, además del comedor y la cocina de toda la vida, de zonas especiales con juegos y divertimentos para los niños. Tener presente estos lugares puede ahorraros unos cuantos dolores de cabeza, ya que los niños terminarán de comer y se irán a jugar mientras vosotros seguís disfrutando de vuestra sobremesa.

2- Pinturas y cuentos. Los libros de pintar y colorear, enganchar pegatinas o, simplemente, cuentos para leer, son un gran entretenimiento. Además, no implican ocupar mucho espacio ni en la mesa ni fuera de ésta, de manera que el niño podrá divertirse durante el rato, sentado a vuestro lado.

3- Tablets. ¿Qué niño de la actual generación no ha nacido con un ordenador bajo el brazo? Ordenador o dominio por cualquiera de las nuevas tecnologías. Gracias a ellas podemos tener a nuestros hijos bien entretenidos fuera de casa. Aseguraros de llevarla cargada de batería, o de no olvidaros, por si acaso, el cargador. Películas, juegos, dibujos… todo un mundo de diversión para el niño, mientras está quieto y sentado en la mesa, después de comer.

4- Juegos de mesa. Existen muchos juegos de mesa que podéis llevar con vosotros al restaurante. La oca, el parchís, barajas de cartas, tres en raya… Ocupan poco espacio y son perfectos para que vuestro hijo juegue.

5- Juegos mentales. Proporcionadles retos a los niños que impliquen a éstos pensar y entretenerse mientras están sentados y quietos. Adivinanzas, el veo-veo, el teléfono…

6- La siesta. Esto sólo es factible en el caso de los más pequeños y, siempre y cuando, no sean muy intranquilos cuando se sienten fuera de su zona de confort, o hay factores externos (otros niños, movimiento de personas ajenas…) que lo excitan. En ese caso, tener cerca el carrito para poder echarle después de comer será todo un acierto, por un lado, el niño descansará y, por otro, vosotros estaréis tranquilos mientras lo hace.