Cuando debemos hablar del abuso sexual infantil

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Cuando debemos hablar del abuso sexual infantil

Cuando debemos hablar del abuso sexual infantil

Estos últimos meses han sido muchos los casos que han salido a la luz sobre abusos sexuales a menores. Abusos por parte de familiares, en escuelas y colegios, iglesias e instituciones eclesiásticas… Sea del tipo que sea, el abuso sexual infantil es un maltrato con graves secuelas y nefastas consecuencias para el pequeño que lo sufre, una situación que aún necesita mucha investigación y castigo, y un punto en el que el psicólogo también tiene mucho trabajo para ayudar al niño, o niña, a superar el posible trauma causado, pues las secuelas psicológicas que emergen de una vivencia así, son perdurables en el tiempo y condicionan toda una vida.

Cómo saber si se ha sufrido un abuso sexual infantil

En el caso de violaciones a mayores, básicamente, es mucho más sencillo llegar a descubrir la realidad de un caso, pues el adulto, normalmente, denuncia más estos casos y muestra signos mucho más perceptibles si analizamos el contexto que puede rodearlos. Pero en el caso de los niños, no podemos llegar a saber a ciencia cierta cómo de frecuentes son los casos de abuso sexual infantil, dado que muchos no son detectados.

La gran mayoría son ocultados por los propios niños, por miedo bajo amenazas o coerción. También, las propias familias son a veces las culpables de la falta de denuncias, pues ¿quién podría pensar que el niño cuenta la verdad? Si el agresor se encuentra entre los propios miembros: “¡Qué vergüenza! No digamos nada, lo arreglamos nosotros y de aquí no sale”, y si hablamos de otras figuras como tutores y profesores: ¿quién lo demuestra?, ¿qué sucederá en el colegio ahora?, ¿será mi hijo un marginado?, etc. Circunstancias que, según como, en el momento, no favorecen la revelación del abuso.

Tipos de abuso sexual infantil 

Existe, dentro de las diferentes tipologías de abuso sexual infantil, aquel abuso en el que se lleva a cabo un contacto físico con el menor (tocamientos, caricias, masturbación, penetración…) y aquel en el que el contacto no existe, pero por definición sigue siendo abuso sexual. Nos referimos a la simple idea de proponer relaciones sexuales y, por tanto, pasar a un abuso sexual con contacto físico; o a exhibiciones sin contacto que sirvan para fines particulares (pornografía infantil, masturbación…).

Una tendencia reciente, nacida de la sociedad de la información y la comunicación de masas, es el llamado abuso sexual online o grooming. En este caso, como padres, lo más importante es estar atentos al uso de ordenadores y equipos con conexión a Internet a los que acceden nuestros hijos. Este tipo de abuso sexual infantil es aquel en el que adultos, haciéndose pasar por menores, logran ponerse en contacto con los pequeños y establecer una relación online mediante infantiles conversaciones, pero que pueden ir subiendo de nivel con peticiones indecentes, o propuestas reales de propiciar un encuentro entre víctima y agresor.

Signos que indican la existencia de un abuso sexual infantil  

Sufrir cualquier tipo de abuso sexual infantil no es algo que podamos percibir al momento. Hablamos de que las consecuencias más visibles aparecen durante los dos primeros años posteriores al abuso. Problemas emocionales que ya no pueden ocultarse tales como ansiedad, depresión, baja autoestima… y, especialmente en niños, problemas a la hora de prestar atención, de concentración, conductas hiperactivas y empeoramiento en el rendimiento escolar, etc.

Lógicamente, tras haber sido víctimas de un suceso como este, las secuelas también afectan en el trato social y en las relaciones con otras personas, dificultades para dormir, problemas de alimentación y cambios de conducta, principalmente, aislamiento, rechazo y agresividad.

Secuelas psicológicas tras sufrir abuso sexual infantil

El abuso sexual infantil es un golpe repentino, en la particular vida de cualquier niño, que marcará para siempre su porvenir. El trauma causado por una vivencia de esta índole puede llegar a perseguirle durante toda su etapa adulta (sólo un 25% de las víctimas parece superarlo plenamente y seguir su camino sin mostrar más síntomas).

El buen psicólogo especializado en tratar estos casos, debe trabajar con esmero la evaluación psicológica del pequeño y medir la presencia de esos indicadores cognitivos, conductuales, emocionales… para valorar el grado de afectación. La ayuda y apoyo por parte de estos expertos es de suma importancia y será un soplo de aire fresco tanto para el niño como para sus familiares (no debemos olvidar que el mazazo golpea al crío, pero también a su familia, más según el carácter del abuso y de la reacción que tengan frente a éste).