Cómo tratar la cleptomanía infantil

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Cómo tratar la cleptomanía infantil

Hace tiempo sospecháis de ello. Desaparece dinero en casa. No grandes cantidades, pero si esos euros que sabemos que hemos dejado en dicho sitio y a la pregunta: ¿Los has cogido tú?, la respuesta siempre es negativa. Al principio, podemos dejarlo pasar, pero llega un punto que reiteraciones constantes nos llevan a preocuparnos por esta situación. ¿Y si no es sólo en casa? ¿Y si sucede en el colegio? ¿Cuándo está con sus amigos? ¿Pequeños hurtos en tiendas y supermercados? Nos topamos de frente con la cleptomanía infantil y debemos ponernos manos a la obra para controlarlo. Cuando hablar con nuestros hijos del tema no sirve y las cosas no cambian, es hora de pedir ayuda profesional. Ciertamente, la terapia psicológica, llegados a este punto (grave y difícil de controlar), es la única opción viable para impedir que vuestro hijo siga robando.

Los niños pequeños que se inician en este tipo de delincuencia, en verdad, no pueden considerarse robos reales, pues lo que les mueve a hacerlo no es el robo en sí y hacerlo con esa intención. Suelen actuar según el interés que les suscita aquello que “toman prestado” y que, por algún motivo, les ha llamado la atención lo suficiente como para hacerlo sin decir nada ni que le vean porque temen la negativa a no conseguirlo, y ellos, sí o sí, lo quieren. Esto no es excusa para permitir que la conducta se agrave y cambien las circunstancias que le empujan a “robar”. Tras las primeras sospechas debemos frenar esa “actividad delictiva” e inculcarle los valores de que aquello que hace no es correcto y no está bien.

Esto, hablando de niños menores. Si los robos se efectúan en épocas de la adolescencia, el problema toma un giro distinto y los motivos que empujan a nuestros hijos a coger lo que no es suyo, pueden ser muy diferentes y más preocupantes: por diversión, porque atraviesan una mala situación familiar y ello se convierte en una vía de escape, por problemas emocionales y para llamar la atención, o demostrar algo a un grupo de amistades…

Antes de acudir a un especialista, es importante tomar cartas en el asunto desde el núcleo familiar y hacer ver a nuestros hijos que la acción no está bien y que puede tener consecuencias graves. Sin embargo, cuando nos topamos con un caso en el que esto no es suficiente, se hace inevitable pedir ayuda externa.

¿En qué consiste esta terapia psicológica?

El psicólogo va a ser el eje principal que ayude a evaluar la situación del niño y le motive a descubrir las verdaderas razones que se ocultan tras la acción de “robar”.

La cleptomanía, aunque no lo parezca, si bien hoy en día toma diversas connotaciones, es un trastorno psicológico que responde a la dificultad recurrente del individuo para controlar sus impulsos de robar cualquier objeto, aun y cuando éste no es necesario. En el trasfondo habría que pulir muchos detalles para llegar a la definición exacta que define la cleptomanía que impulsa a nuestro hijo a robar, pero, verdaderamente, es un problema mental grave que tiene afectaciones en la vida de quien recurre a ello, y también, en la de las personas cercanas a éste. Por eso, como padres, es muy difícil asumir esta realidad, pero hay que aprender a manejarla.

Dentro de la terapia psicológica lo más adecuado en estos casos de niños que roban, es hablar de la terapia cognitiva conductual. Ésta basa la conducta humana en el aprendizaje, pero este aprendizaje no consiste en un vínculo asociativo entre estímulos y respuestas, sino en la formación de relaciones de significado personales, esquemas cognitivos y/o reglas. Siendo la cleptomanía un problema psicológico subyacente, sin duda, el asesoramiento es el primer paso para tratarla en niños.

¿Por qué es la mejor? 

La terapia cognitivo conductual responde a la forma que tenemos de entender cómo pensamos sobre nosotros mismos, de otras personas y del mundo que nos rodea, así como también, el grado de afectación respecto a lo que hacemos, en nuestros pensamientos y sentimientos. Por ello, este tratamiento psicológico puede ayudar, en edades tempranas, a cambiar la forma cómo piensa el niño y cómo actúa. Le ayuda a ver cómo las partes de aquello que le preocupa aquí y ahora están conectadas entre sí y a analizar cómo le afectan. Cada una de las áreas individuales puede afectar al resto. Por ejemplo, sus pensamientos sobre el problema pueden incidir en la manera cómo se siente física y/o emocionalmente.

El niño que roba lo hace motivado por un problema real previo. Es por ello que esta terapia, que aflige lo cognitivo y lo conductual, es la más apropiada para disipar la cleptomanía infantil. Encontrar el foco principal que causa la acción, tras los distintos “motivos” no verdaderos, será la meta del psicólogo y modificar esas percepciones del pequeño para descubrirle que esa no es la solución, el fin determinante que acabará con el problema y le ayudará en una enseñanza más de la vida.