Cómo gestionar la agresividad infantil

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Cómo gestionar la agresividad infantil

Cómo gestionar la agresividad infantil

Hablar de la agresividad en términos infantiles supone, en muchos círculos, una señal de alarma. A priori, parece poco normal que sean nuestros hijos quienes reaccionen con violencia ante situaciones diversas. Seria más lógico creer que son los adultos quienes se dejan llevar por esa sensación y quienes, ante circunstancias que les sobrepasan, actúan de ese modo. Pero es precisamente todo lo contrario. Las reacciones de agresividad en niños son muy lógicas y normales hasta ciertas edades. Suelen aparecer hacia los 2 años. Nuestros pequeños ya no son simples bebés y están aprendiendo, poco a poco, del mundo que les rodea y a descubrir qué les interesa y qué no. Dado el grado de inmadurez precoz, pero, de la corteza prefrontal que regula las emociones (porque recordemos, sólo tiene dos o tres años), el niño expresa su disconformidad con algo y su malestar mediante esas conductas agresivas. Mientras el pequeño puede permitirse ese desliz, es mucho más lógico ser conscientes de que el adulto, por conocimiento, sabe discernir entre sensaciones y racionar sus acciones y consecuencias para no dejarse llevar por el primer impulso. Es decir, la educación debe lograr que, al crecer, los niños dejen de manifestar esa agresividad impulsiva y sepan sobrellevarla, gestionando sus emociones y las reacciones que muestran ante las mismas.

En Rosa Mª Balsells Psicóloga, somos un centro especializado en el tratamiento de esta conducta y, por ello, hemos sido testigos de distintos casos en los que se han producido desviaciones en la gestión de la agresividad infantil, que alcanza su punto álgido entre los 3-4 años. Por ello, hoy, en esta nueva publicación, queremos ofreceros algunas herramientas para que podáis ayudar a vuestros pequeños a canalizar esos sentimientos y mostrarles el camino a seguir para limitar la agresividad infantil y evitar factores de riesgo tanto en casa, como en ámbitos de mayor envergadura: el social (colegio, comportamiento en la calle, en casa de familiares o amigos…).

¿Qué debemos hacer para evitar que perdure?

Hay casos de agresividad infantil que pueden extenderse en el tiempo hasta edades en las que conviene prestarles minuciosa atención. El problema, como decíamos, no es el sentimiento de ira en sí que domina a la criatura, sino qué hacemos con él (la gestión), y esa diferencia es lo que debemos transmitir a nuestros hijos. Como adultos tenemos herramientas suficientes para mediar ante un conflicto y saber qué hacer correctamente, sin embargo, un niño pequeño no posee ninguno de esos conocimientos adquiridos por lo que, precisamente, necesita aprender para entenderlo. Con educación debemos lograr que les resulte más sencillo reconocer la emoción y recordarles qué deben hacer cuando se sientan así.

Tampoco debemos olvidar que el objetivo de este aprendizaje no se resume en el castigo y la obediencia a lo como progenitores le impongamos por haber obrado mal, sino enseñarle a controlar esa agresividad.

Ejercicios para controlar la agresividad 

A continuación, os presentamos algunas técnicas simples que podéis poner en práctica en casa con vuestros hijos para mejorar la agresividad y canalizar esos sentimientos. Con ellas, conseguiréis corregir la situación, en lugar de mostrar imposiciones frente a ojos del niño, quien puede catalogarla de tensa de por sí y, por lo tanto, aumentar aún más su sensación de ira.

  • Cantar canciones: Si tu hijo, cuando la agresividad empieza a mostrarse, es de los que muerde, da patadas o araña, quizás sería oportuno enseñarle mediante ritmo y letras que morder se hace al comer, los pies sirven para andar y avanzar, y los brazos para dar y recibir abrazos.
  • Concursos y diálogos: Distracciones en casa que no sólo ayudan al pequeño a aprender a concentrarse, a mantener el orden y saber respetar los turnos, a expresarse… Juegos que sirvan para toda la familia y que os unirán en su aprendizaje.
  • Yoga: Una vez más, esta doctrina de relajación y meditación permite, especialmente, reducir los niveles de agresividad infantil. Se ha demostrado que, terapéuticamente, ya no sólo es una opción válida para adultos, sino que en los más pequeños les permite tener un mayor autocontrol corporal, mejorar su respiración y encontrar la calma en esos momentos en los que creemos que es más difícil hallarla.

¿Cuándo es necesario pedir ayuda a un psicólogo infantil?

Cuando todas las pautas estipuladas no funcionan y vemos que la situación nos sobrepasa por la agresividad del pequeño, de manera que éste ni acepta ni cumple las normas y debemos pasarnos el día regañando y castigando porque no avanzamos, es el momento de pedir ayuda y buscarle una salida profesional a la situación. No sólo para tener ese soporte necesario, pues ese es el trabajo de los psicólogos infantiles, sino para evitar en un futuro -más o menos cercano- una mayor probabilidad de fracaso académico o el desarrollo de patologías psicológicas más graves durante la edad adulta.

Además, no todos los niños son iguales y, por lo tanto, no siempre las mismas pautas sirven por igual para todos, por lo que estas prácticas y consejos son óptimos, pero no son la solución definitiva. Buscar el apoyo de un profesional no nos hace ser peores padres, contrariamente, muestra la voluntad de mejorar y de aprender para alcanzar el bienestar de nuestro pequeño.