Celos: la llegada de la cigüeña, otra vez

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Celos: la llegada de la cigüeña, otra vez

Celos: la llegada de la cigüeña, otra vez

Los celos son un sentimiento muy común en la sociedad. Propiciados por varias razones, nos acompañan a lo largo de toda una vida en circunstancias de todo tipo. En los más pequeños, pueden aparecer ante la “temida” llegada de un recién nacido. Ese hermanito o hermanita que, según como, acaparará la atención de las personas más importantes para el niño en ese momento, sus padres; algo que no gusta a nuestros hijos y que suscita esa reacción. Cada niño es un mundo y las formas de manifestarlo pueden ser muy distintas, incluso algunos tratan de ocultarlo, pero es algo normal y pasajero, ante lo que, como padres, debemos actuar y mostrar apoyo y comprensión para hacer entender a nuestros hijos la realidad de la nueva situación.

El punto inflexivo de ésta debe fundamentarse en el entendimiento de todos los factores que, de forma repentina, sacuden la tranquilidad de un hijo/hija, pero también en la tolerancia de los actos de éste, dejando claros los límites y normas de convivencia familiar.

 Hoy, queremos tratar esta problemática en nuestro blog de Psicólogos Tortosa y ofreceros algunos consejos que podéis seguir para tratar de reconducir esta situación y evitar caer en las trampas de nuestros pequeños ante ataques de celos propiciados por el nacimiento de un nuevo miembro de la familia.

La llegada de un hermano/a pequeño/a

Un bebé supone un giro de 360 grados en la rutina de cualquier niño. De pronto, el control de la situación que creía tener se quiebra y surge un factor determinante que modifica todos sus esquemas. Esto puede suponer una serie de problemas, y presentar síntomas de patologías diversas, ante los que conviene estar preparados.

Como decíamos, hay niños que no manifiestan abiertamente sus celos. En una primera etapa de este sentimiento, pueden aparecer dificultades tales como pesadillas, insomnio, problemas de alimentación, descontrol de los esfínteres, deficiencias en el lenguaje y las formas de expresión, etc. Debemos pensar que, de repente, el recién nacido se ha llevado lo más importante y necesario hasta el momento: el tiempo que sus padres compartían con él. Por eso, es crucial seguir manteniendo esas pautas que hasta el momento llevábamos, aunque sea más complicado, pasando el mismo tiempo con el “hermano/a mayor” y darles el mismo valor significativo a ambos.

Es un error creer que, aunque sea demasiado pequeño, no entenderá lo que sucede. De pequeños, los niños son muy agudos y unos grandes observadores que intuyen cambios incluso antes que los propios adultos. El raciocinio común de éstos, con experiencias aún por desarrollar, los lleva a sus peores temores y a pensar que ya no se les quiere y que han sido sustituidos. Por este motivo hay que hablarles claramente y disipar sus dudas y miedos.

¡Tranquilos! Por normal general, este periodo es regresivo y no dura más que algunos días o semanas.

Consejos sobre qué pueden hacer los padres

Los estudios revelan que, por norma general, los niños viven una etapa de egocentrismo hasta los 4-5 años de edad, aproximadamente. Si a ello le sumamos la llegada de un recién nacido, nos encontraremos con la peor de todas las situaciones inimaginables: celos por doquier. Nuestro hijo/a, de repente siente amenazado su estatus de hijo/a único y, por tanto, hay que ser pacientes y comprensivos, y seguir regalándole la atención y cariño de los que gozaba hasta el momento. Es muy común que reaccione de las maneras que hemos citado antes, pero si queréis una pequeña guía para minimizar el impacto, a continuación, os dejamos unos consejos que os ayudarán a tomar las decisiones acertadas para sobrellevar mejor esta situación.

  1. Introducir cambios en la vida del pequeño un tiempo antes de que llegue el bebé, para que no todo le llegue de golpe y vaya asimilando que van a sucederse cosas a las que deberá adaptarse.
  2. Un error recurrente es basar los argumentos de la llegada de un hermano/a pequeño/a destacando solamente aquello que pueda interesarle y agradarle al niño: tener alguien con quien jugar. Debemos medir la relevancia de esas palabras, pues no es recomendable decirle que va a llegar una personita con la que podrá entretenerse cuando, en realidad, se sentirá decepcionado al comprobar que no es verdad, al menos no durante un tiempo.
  3. Los celos conllevan conductas infantiles (más si cabe) con el fin llamar la atención. Podemos permitirles algunas de ellas, pero lo que debemos hacer es estimular a nuestro hijo/a mayor a abandonarlas, y hacerle tomar conciencia del nuevo papel de hermano maduro que necesitamos a nuestro lado para ayudar al bebé.
  4. No hay que obligar al niño/a a querer y adorar a su hermano/a. Siempre lo será y el florecimiento de esos sentimientos crecerán con el tiempo. Si se siente celoso/a, no querrá pasarse el día mostrando afecto y sentimientos por quien es la fuente que ha despertado esa sensación. Es mejor tener paciencia y aguardar a que sea él/ella quien, poco a poco, se acerque a su hermano/a.
  5. JAMÁS debemos olvidar prestar la atención debida que necesita nuestro hijo/a. Aunque ahora nuestras responsabilidades se centren en el recién nacido, no debemos olvidar que el hermano mayor también necesita su dosis de cariño y afecto; seguir sintiéndose incluido en su familia.

Aunque los celos en la conducta infantil son normales, nuestra labor como padres en esta etapa es fundamental para que este sentimiento se vaya desvaneciendo. Permitir que se mantengan en el tiempo puede convertirlos en un síntoma patológico que requerirá de un tratamiento especial.